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Blog de Opinión

Blog de Opinión (249)

A propósito del Acuerdo sobre Seguridad: algunos apuntes

Como políticos a cargo de la administración del Estado, mandatados a tomar decisiones que a diario afectan a miles, si no millones de personas, una de las capacidades que debemos demostrar es la de sintonizar con la ciudadanía y sus inquietudes.

En efecto, y si el Plebiscito del pasado 4 de septiembre fue un remezón que puso en entredicho ciertos paradigmas de la política, no está de más decir que, entre las tantas acciones que debemos realizar para recalibrar la brújula del país –y entre las cuales están, por supuesto, persistir con un nuevo proceso constituyente que no repita los errores del pasado– estamos obligados a hacer también una lectura de las principales necesidades, o malestares, que expresa la ciudadanía en la actualidad.

En este sentido, es un hecho de la causa el que, en prácticamente la totalidad de los estudios de opinión, los problemas de seguridad –la delincuencia, el narcotráfico, el crimen organizado y, en general, los delitos de mayor connotación social, como un todo bajo el paraguas de la seguridad– ocupan el primer lugar de la tabla. Estamos ciertos en que, sin renunciar a sus anhelos de mayor justicia social, las personas quieren vivir en paz.

Pero parte del problema es que la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado es una batalla que no se está librando sólo desde que comenzó este gobierno. En 2019, por ejemplo, el presidente Sebastián Piñera puso en marcha el Plan “Calle Segura”, que comprometió la modernización de Carabineros y la PDI –cambios que a 2022 no se han podido concretar–, una batería de proyectos de ley relativos a seguridad, y mayor cantidad de policías y su equipamiento en las calles. A tres años, la situación ha empeorado: 2022 cerrará con un notorio aumento en la tasa de homicidios.

Dada la magnitud del problema que tenemos, es de interés de este senador entregar algunos aportes al debate público sobre seguridad. No es la intención profundizar en largos tratados sobre el punto, pero sí detallar algunas ideas fuerza que, a mi juicio, debiese contener cualquier Plan Integral para el control de la delincuencia y el crimen organizado en Chile. Sobre todo, desde un abordaje multidimensional que apunte a las causas y la prevención del fenómeno delictivo, porque es claro que una estrategia puramente punitiva, y/o de populismo legislativo, ha fracasado.

Lo primero no es un punto específico de un plan en sí mismo, pero sí un razonamiento fundamental para aproximarse al problema: la situación actual de seguridad es el resultado de décadas de implementación de un modelo de desarrollo que, teniendo como único ordenador al libre mercado y la capacidad monetaria de la gente, termina segregando las ciudades; aislando, alejando e incomunicando en la periferia a los más humildes, y restándoles oportunidades de toda clase. Sin mencionar que, desde el punto de vista de los simbolismos, las personas menos afortunadas sueñan con todo lo que la sociedad de consumo les incita a comprar, pero que difícilmente podrían obtener, al menos por la vía lícita.

A todo ello se suma un Estado que, fiel a su rol subsidiario, hace oídos sordos de problemáticas tan serias como la deserción escolar, el consumo de drogas o la violencia intrafamiliar en contextos de vulnerabilidad social, todos puntos de inflexión que empujan a los menores a constituirse en delincuentes infantojuveniles.

Es por esto que la superación del neoliberalismo como modelo de desarrollo, y el avance a una economía capitalista, pero social y ecológica de mercado, es crucial para que el Estado tenga un rol activo y ordenador en la planificación urbana, la integración de los barrios, el uso de los suelos en las ciudades, la planificación del transporte y la disponibilidad de áreas verdes, servicios y la cultura en los barrios, que ya no estén disponibles sólo para quienes tengan más recursos. Este criterio debiera ser parte del contenido de una nueva Constitución, y debiera cumplirse mediante la coordinación de los esfuerzos del gobierno nacional, regional y los municipios, con la sinergia y el aporte del sector privado, que construye los barrios, u ofrecería algunos de los servicios en ellos.

Controlar la delincuencia pasa por planificar las ciudades. Dicho todo lo anterior, pasamos a este punto concreto. Hablemos en lenguaje sencillo: ciudades desordenadas, terrenos baldíos, basurales, calles oscuras y descuidadas o edificios abandonados, son por sí solos caldo de cultivo para la delincuencia. Es evidente que sectores así carecen de la más mínima vigilancia. Permitir la extensión geográfica desmedida de las ciudades también es un problema: una ciudad más compacta, con uso de suelo combinado y no segregado, ni extremadamente dividido –por ejemplo, entre lo residencial y lo comercial–, es menos compleja de vigilar y patrullar.

Controlar la delincuencia también es anticiparse al delito. Este punto es crítico, y he repetido muchas veces que hay una trayectoria del delito, que se puede trazar –sobre todo en el caso del narcotráfico y el crimen organizado– antes de que éste sea perpetrado. Necesitamos contar con un moderno y eficiente servicio de inteligencia –no sólo policial, sino también política– conforme a parámetros de países desarrollados y democráticos, para tener anticipación y prospectiva.

Controlar la delincuencia es modernizar y capacitar a nuestras policías para el combate al narcotráfico y el crimen organizado. Nuestras policías, hoy por hoy, se enfrentan a nuevas modalidades de delito. Y no nos referimos a las encerronas y los portonazos, sino a delitos de mayor connotación y gravedad, como el narcotráfico, el comercio ilegal de armas, los secuestros o el sicariato. Esto demanda nuevos tipos de formación, nuevas tecnologías y recursos para las policías.

Controlar la delincuencia pasa por barrios más equipados, conectados y con sentido comunitario. La propia ONU señala que la inexistencia, o la mala calidad del transporte público, genera en sí misma una mala combinación de segregación, aislamiento, mayor dificultad de acceso al empleo y, consecuentemente, desigualdad. Asimismo, los barrios sin actividades culturales o espacios públicos donde la comunidad se encuentra, generan simplemente desconocidos que viven aislados, cada uno en una casa. Si no conozco a mi vecino, mi vecino no me importa.

Controlar la delincuencia pasa por la modernización del sistema carcelario. En Chile tenemos un serio problema: la cárcel, que debería ser un espacio de rehabilitación, opera muchas veces como una escuela del delito. Pero eso no es intrínseco a los sistemas carcelarios en el mundo. Chile debería mirar hacia la realidad carcelaria de los países desarrollados y analizar cómo funcionan sus sistemas de rehabilitación. Desde un punto de vista de derechos humanos, tampoco es ético que por haber delinquido una vez el destino de una persona sea ser, eternamente, paria de la sociedad.

Controlar la delincuencia pasa por apoyar a las familias. En contextos vulnerables, el Estado debiera obligarse a hacer intervenciones –terapias multisistémicas, terapias funcionales– para los casos donde existe alcoholismo, drogadicción o violencia intrafamiliar, factores que empujan a los menores de edad a la deserción escolar y a las calles, donde comienzan a delinquir a temprana edad.

Y, por último, controlar la delincuencia pasa por reducir drásticamente la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades laborales. A menudo el desempleo, la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades son indicadas como causas de la delincuencia; y este análisis cobra bastante sentido si se comparan países de distintos niveles de desarrollo, ingresos y prosperidad, con países como el nuestro, en vías de desarrollo. La cantidad de seguridad, o inseguridad, que se vive es directamente proporcional, y ello no es casualidad.

Un plan nacional, integrado y multisistémico para la superación de la delincuencia debiera abordar, sin temores ni reservas ideológicas, todos los aspectos que inciden en la génesis de la delincuencia, incluyendo los vicios del modelo económico que tenemos en Chile.

Mientras más largas son las jornadas laborales, y peores son las condiciones de transporte, más tiempo solos pasan los niños y adolescentes, lo que los hace vulnerables. Mientras mayor es la brecha salarial entre hombres y mujeres, más horas deben trabajar las mujeres, y más vulnerables son los hijos de las madres solteras. Y si la conservación de los barrios, o los servicios que estos ofrecen, dependen únicamente de los ingresos de quienes los habitan, seguiremos reproduciendo la precariedad, la desigualdad, la marginación y, como estamos viendo hoy, la inseguridad en nuestro país.

Fuente: El Desconcierto

Tomar el timón: hacia un programa cibercomunista

Cualquier programa revolucionario debe priorizar la socialización de los medios de producción y su gestión radicalmente democrática. Pero en el siglo XXI ese objetivo no puede ser pensado de la misma manera que hace 70 años. Necesitamos un programa cibercomunista.

Al calor de la revolución digital de las últimas cuatro décadas, las tecnologías de la información y la computación han permeado nuestras sociedades hasta el punto de convertirse prácticamente en ubicuas, conectando entre sí a miles de millones de personas. El movimiento socialista no iba a ser menos, y en los últimos años han surgido varios colectivos bajo el paraguas de lo que podría denominarse cibercomunismo.

Pese a lo que pueda parecer, esto no va solo de comunistas usando ordenadores. En este artículo pretendemos argumentar que el comunismo cibernético se adjetiva así por considerar que la cibernética, como ciencia de la información y el control, complementa a la crítica de la economía política marxista de tal modo que permite vislumbrar el sustrato informacional escondido tras las realidades burguesas y compararlas con instituciones alternativas en términos de eficiencia y adaptabilidad.

Para comprender las características esenciales de este nuevo paradigma teórico es conveniente hacer un repaso histórico de los conceptos, autores y corrientes de las que se nutre. Esta será la intención última de este escrito: esbozar una suerte de «árbol genealógico» del cibercomunismo.

I

Esta es la historia de cómo dos conceptos relativamente dispares terminan confluyendo de manera coherente: comunismo y cibernética. El primero es más conocido en los círculos en los que nos encontramos. Hablamos de la expresión política del movimiento obrero desde la Primera Internacional de los Trabajadores, sistematizada, entre otros, por Karl Marx y Friedrich Engels. Teóricamente, esta partiría de la crítica de la economía política expuesta en El capital. La desnaturalización de las instituciones burguesas (mercados, dinero, precios, incentivo de la rentabilidad, etc.) y el análisis de sus leyes internas abrirían el camino para reclamar una planificación radicalmente democrática de la economía: el programa político revolucionario capaz de romper con esas leyes.

Ahora bien, ¿qué hay de la cibernética? Hablamos de un campo de estudio interdisciplinar que dio sus primeros pasos diseñando antiaéreos para la Segunda Guerra Mundial y se consolidó proyectando innovadores enfoques en ámbitos como la neurociencia o la ecología.[1] Los seres vivos empezaron a ser conceptualizados como sistemas complejos que obtienen información de su entorno a través de los sentidos, la cual es transmitida al cerebro para que la procese y tome decisiones de manera eficiente. Un comportamiento que podía ser modelizado como un sistema de control que reacciona a ciertas señales de entrada (input), generando una señal de salida (output) y creando lo que se conoce como un bucle de realimentación (entre el individuo y su entorno).

Pues bien, la hazaña de la cibernética fue descubrir que, en realidad, este tipo de comportamientos se dan, de una forma u otra, en multitud de realidades. Norbert Wiener —al que muchos consideran el padre de disciplina— definió a la cibernética como «el campo de las teorías de control y comunicación, ya sea en la máquina o el animal”[2], explicando que dichos procesos de control no solo no quedaban confinados al mundo animal sino que podrían ser emulados, creando autómatas que también serían capaces de adaptarse e interactuar con un entorno cambiante.

El desarrollo de dichos autómatas, en toda su complejidad, habría sido imposible de no ser por dos de los mayores desarrollos teóricos del siglo pasado: la teoría de la información de Claude Shannon[3] y la máquina de Turing de Alan Turing.[4] Shannon dotó de formalización matemática al concepto de «información», concediendo un arsenal de herramientas teóricas que permitieron el desarrollo de mecanismos para la transmisión y almacenamiento de la información mucho más eficientes que los utilizados hasta el momento. Por su parte, Turing demostró la posibilidad de codificar cualquier función matemática computable paso a paso; es decir, cualquier algoritmo, en una secuencia finita de bits conocida hoy en día como programa o aplicación. Es más, también fue capaz de demostrar que dicho código binario podía ser procesado por una máquina de Turing universal, capaz de implementar cualquier otra máquina de Turing, estableciendo de este modo los fundamentos de los computadores actuales, capaces de ejecutar cualquier programa.

 

Influidos por estos planteamientos, autores como William Ross Ashby demostraron ciertas relaciones entre la teoría de la información y el control de sistemas complejos. Una de las más relevantes es lo que se conoce como ley de la variedad requerida o teorema del buen regulador: todo «buen controlador» debe ser capaz de manejar la complejidad del sistema bajo control, expresada por la cantidad de posibles situaciones, teniendo una respuesta para cada una de ellas. En caso contrario, la reducción forzosa de la complejidad del sistema disminuye seriamente su capacidad de respuesta.[5]

Llegados a este punto el lector podría preguntar, ¿qué tiene que ver todo esto con el comunismo? Pues bien, ¿y si este análisis informacional de los sistema complejos se aplicase a la economía? ¿Es posible y fructífero? Es curioso comprobar cómo el mismo Wiener deslizó declaraciones como las siguientes:

Escribo este libro principalmente para los ciudadanos de los Estados Unidos, en cuyo ambiente las cuestiones de información serán evaluadas con el criterio normal, propio de este pueblo: una cosa vale en cuanto puede producir algo en un mercado abierto a todos. […] El destino de la información en un mundo típicamente americano consiste en venderla o comprarla. […] No es mi tarea dilucidar si esa actitud mercantilista es moral o inmoral, grosera o sutil. Pero es mi deber demostrar que conduce a que se entienda mal y se trate inadecuadamente la información y sus conceptos asociados’.[6]

Sorprendentemente anticapitalista, ¿verdad? Al menos eso fue lo que empezó a pensarse en ciertos sectores de la URSS y la RDA a partir de 1955. Wiener consideraba que las relaciones mercantiles manejan mal la información porque convierten los descubrimientos y creaciones tecnocientíficas —que son producto del esfuerzo colectivo y terminan afectando a toda la humanidad— en propiedad privada, generando opacidad social y, por ende, una gestión irresponsable de los mismos. KitovSobolev Lyapunov declararon que esto suponía «una aguda crítica a la sociedad capitalista» poco explorada hasta entonces.[7]

II

Una vez abierta esta incógnita, la aplicación de análisis cibernéticos para fines socialistas no se hizo esperar. Los mercados y las empresas capitalistas empezaron a explicarse como autómatas o sistemas de control defectuosos.

El economista polaco Oskar Lange, apoyándose en Wiener, desarrolló una novedosa comprensión de la problemática económica. En su polémica con la Escuela AustriacaHayek y compañía habían intentado criticar a su propuesta de «socialismo neoclásico» insinuando que los ordenadores que Lange pretendía usar para calcular los precios de los productos sin necesidad de competencia entre empresas eran una «versión digital del mercado»; que este último, en realidad, es un «sistema de telecomunicaciones» imprescindible para las sociedades industriales.[8]

Pues bien, dándole la vuelta a este argumento, Lange argumentó que el mercado no es más que un ordenador sui generis que resuelve sistemas de ecuaciones mediante interacciones sociales a través de información meramente estadística y dinámicas de tanteo. Una afirmación congruente con los mencionados desarrollos de Turing: el mercado, al ser un «programa descentralizado», debería ser  equivalente a uno que se puede realizar en cualquier máquina de Turing universal. De esta forma, si comprendiésemos claramente su funcionamiento, podríamos reproducir un mecanismo de retroalimentación capaz de hacer lo mismo y mucho más, sin todos los inconvenientes del «mercado analógico» convencional.[9]

 

Al otro lado del telón de acero, el británico Stafford Beer llevó la ley de la variedad requerida de Ashby hasta sus últimas consecuencias, considerando que la economía de mercado, al tener que encorsetar la espontánea generación de necesidades e iniciativas sociales dentro de los límites de lo rentable y colapsar toda la información a las reductivistas variables monetarias, forzaba el metabolismo social a dinámicas cibernéticamente «torpes» cuyas consecuencias humanas son dramáticas.[10] Para ambos, la planificación socialista superaba claramente a los mercados al ser capaz de: tener un acceso transparente a toda la información económica, poder actuar en reacción inmediata a las nuevas necesidades ciudadanas sin la mediación de la rentabilidad y tener la capacidad previsora de hacer cálculos económicos a largo plazo.

Las concreciones histórico-políticas más destacadas de estos planteamientos fueron: 1) el OGAS de Víktor Glushkov en la URSS,[11] 2) el Cybersyn de Beer en el Chile de la Unidad Popular[12] y 3) los proyectos de «geografía económica» que, a la luz de las obras de Leonid Kantorovich y Nikolai Veduta, orquestó el Instituto de Novosibirsk. Los primeros se conocen más. El ultimo está mucho menos explorado, pero tiene interés por la sensibilidad ecológica que desarrollaron mientras urbanizaban la estepa siberiana.[13]

III

Tras la extensión de dictaduras neoliberales por América Latina y el posterior desmantelamiento de la URSS, todos estos proyectos fueron abortados. Sin embargo, de manera inesperada, aparecía en el Occidente de 1993 una obra que, poco a poco, resucitaría el interés de pequeños círculos por estos planteamientos: Towards a New Socialism, de los escoceses Paul Cockshott y Allin Cottrell.[14] Esta, junto a Classical Econophysics, publicada una década y media más tarde junto a Gregory John Michaelson, Ian P. Wright y Victor Yakovenko, rescataban todas las intuiciones de los autores antes mencionados llevándolas a grados de formalización y refinamiento sin precedentes.

Se puede decir sin rodeos que estos trabajos fundaron el actual cibercomunismo, brindando dos interesantes armas teóricas al movimiento revolucionario: la econofísica, como análisis de las economías de mercado, y la planificación cibersocialista, como propuesta política que aspira a superar los estructurales deficiencias de las formas tradicionales de planificación.

Empezando por la primera, merece una especial atención la obra de 1983, Laws of Chaos. A Probabilistic Approach to Political Economy, de Emmanuel Farjoun y Moshé Machover. Esta, reproduciendo el paso de la determinista física clásica a la física estadística, explicaría que la dinámicas de la economía política solo son expresables matemáticamente a través de la estadística, ya que el objeto de estudio es un sistema fundamentalmente caótico.[15] Las técnicas matemáticas del marxismo quedarían actualizadas, permitiendo el desarrollo de modelos más precisos capaces de captar toda la complejidad mercantil. Como había insinuado Lange, la dinámica competitiva mediante la cual se establecen precios, salarios y demás, juega con información de naturaleza meramente estadística.

Esta tarea se profundizaría en Classical Econophysics, donde el marxismo terminaría de conjugarse con la cibernética. Así, autores como Wright explicarían que el capital, como relación social de producción, es, en términos cibernéticos, un «sistema de control» que pretende adaptarse a nuestro entorno biofísico, pero también geopolítico, mediante cierto bucle de retroalimentación: unidades sociales atomizadas compiten entre sí por ciertos nichos de consumo para rentabilizar monetariamente su actividad.[16] La ley del valor y su fórmula básica, D-M-D’,[17] actúan como un estándar de validación que filtra a las iniciativas no rentables como «irracionales». La conceptualización de Marx del capital como un «sujeto automático» cuya «voluntad» está por encima incluso de los capitalistas mismos no es una metáfora.[18] Los capitalistas, incentivados por la opulencia ligada a sus privilegios y atemorizados por la posibilidad de ser barridos por la competencia, en realidad, no hacen otra cosa que personificar o ejecutar las señales de salida del sistema de control al que están subsumidos.

Dichas señales de salida, supuestamente, garantizan la adaptación social a nuevas circunstancias optimizando gastos monetarios en torno a cierto «equilibrio». En la práctica, tal y como demuestran Farjoun y Machover, el equilibrio es inalcanzable ya que las señales son demasiado simplistas para recoger toda la complejidad del sistema, derivando así en dinámicas de inversión y recortes impulsivas y rudimentarias. Esto no solo forzaría a la mayoría social a ciertos salarios y nivel de consumo, cierta tasa de crecimiento o, en definitiva, cierta tasa de ganancia, sino que también estaría detrás de la continua inestabilidad social y crisis periódicas que observamos en nuestros días. Por esta razón se califica a los mercados como autómatas defectuosos. Estos sobrecomplejizan el metabolismo social al generar paralelismos y opacidad, dando lugar a información algunas veces redundante y otras, directamente, inútil. Esto se traduce en sobresfuerzo y desperdicio de recursos en periodos de crecimiento, y en infrautilización de las capacidades productivas en periodos de crisis. Pensemos que cientos de empresas se lanzan diariamente a producir distintas variantes del mismo bien en cantidades que los ciudadanos no pueden ni pagar ni consumir.

 

Sin embargo, eso no es todo. Paradójicamente y al mismo tiempo, el mercado ignora e incluso obstruye la consideración de información de vital importancia para nuestro futuro. En algún sentido, esto es así porque el mercado, simplemente, «no detecta» como señal de entrada aquello que transcienda los estrechos limites de las variables monetarias. Pero el verdadero problema es que, incluso cuando estos son visibilizados políticamente, su consideración entra en contradicción con el imperativo de la rentabilidad, por lo que son desatendidos. Así, una infinidad de cuestiones que los especialistas no dejan de señalar como cruciales (aridificación de terrenos, escasez progresiva, estrés crónico, etc.) son incluidas dentro del cajón de sastre de las «externalidades negativas«, abandonándonos a la suerte de unas administraciones publicas que, a medio plazo, dependen tanto de la rentabilidad empresarial como las empresas mismas.[19]

Llegados a este punto, podemos intuir cuál es la conexión entre econofísica y planificación cibersocialista. La primera nos permite explicar que, frente a la economía de mercado, esta última optimiza o ajusta el uso de la información social, aumentando considerablemente nuestra capacidad de adaptación. La planificación es cibernéticamente superior, cuantitativa y cualitativamente. Al quitarnos de encima información redundante, hace lo que hace el mercado (optimizar costes y distribuir trabajo entre sectores en base a la demanda) de manera más rápida y precisa. La posibilidad, abierta por TICs, de recolectar, almacenar y procesar enormes cantidades de información de manera viable nos permite prescindir de este.[20]

La planificación también es claramente distinta y superior en términos cualitativos. Tal y como explicó Otto Neurath, gracias al cálculo en especie y la democracia directa, emerge un nuevo tipo de racionalidad aprehensiva de factores multidimensionales y centrada en la satisfacción de necesidades sociales.[21] Hablaríamos de un sistema de control con la capacidad de decidir conscientemente qué hacer y cómo. Los planes son la expresión consciente de la voluntad popular en un determinado momento, a través de objetivos y restricciones autoimpuestas. Esto puede concretarse tanto en expansiones como en retracciones de los diferentes sectores productivos, según se considere. ¿Por qué? Porque al barrer del mapa a la clase capitalista y centralizar los medios de producción, la reproducción social ya no depende de que cierto empresario vea expectativas de ganancia en un sector ni de los deficientes juegos monetarios, sino que, los diferentes ámbitos de la vida humana (la salud, el consumo, la ecología, etc.) se gestionarían, caso por caso, en base a estudios científicos particulares y consideraciones ético-políticas expresadas en la deliberación pública.

Para esta nueva forma de organizar el metabolismo social, la democracia —algo bien distinto del despotismo representativo del parlamentarismo burgués, postrado ante el poder del capital y cuya tarea esencial es garantizar sus condiciones generales de reproducción— no es una floritura retórica. Solo la participación popular masiva y recurrente puede garantizar una reproducción social no turbulenta en tanto que consentida.

Asimismo, el registro objetivo; es decir, expresable de manera matemática, de necesidades sociales y, por ende, la planificación misma, es imposible sin una transmisión fluida de información de abajo a arriba.[22] Algo que, afortunadamente, se ha venido reconociendo en nuestro entorno por —si se nos permite la expresión— cibercomunistas avant la lettre como Felipe Martínez Marzoa: «la integración de toda la producción en un cálculo único sólo es posible mediante la total transparencia del aparato productivo […], [lo cual] solo se logra si la información y el control constituyen un hecho de comunicación social general; pues es evidente que estas condiciones solo pueden cumplirse en una situación política de democracia sin restricciones».[23]

IV

Esperamos que con este escueto esbozo haya quedado un poco más claro a qué nos referimos con que complementamos a la crítica de la economía política mediante las modernas teorías de la información y el control. Es curioso que incluso la etimología de la palabra parece sugerirnos algo así. «Cibernética» viene del verbo griego kybernao, que significa «manejar» o «timonear» un navío.[24] Por lo que una manera visual de explicar nuestro planteamiento sería que el mercado supone dejar el barco (la sociedad) a la suerte de los vientos y mareas, mientras que la planificación cibernética permitiría tomar el timón y navegar hacia donde queramos.

En cualquier caso, y como conclusión, nos gustaría señalar que nuestra intención última es la de advertir que cualquier programa político revolucionario del siglo XXI debería tener entre sus prioridades la promoción de proyectos de investigación que ayuden a conceptualizar la socialización de los medios de producción y su gestión radicalmente democrática mediante el uso de las tecnologías disponiblesComo tal, aun queda mucho por hacer, de ahí la importancia de los nuevos teóricos y colectivos de trabajo.[25] Tenemos camino por delante, pero la rápida proliferación de este enfoque en los últimos cinco años nos indica que sus bases son sólidas y su futuro prometedor.

 

NOTAS

[1] El éxito de la cibernética ha sido tal que ha quedado diseminada en distintas ramas del conocimiento, siendo la más novedosa el denominado machine learning. Si la cibernética es a día de hoy “invisible” es porque está en todas partes: telecomunicaciones, ingeniería de control, biotecnología, neurología, Inteligencia Artificial, robótica, etc.
[2] Norbert Wiener. Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. 1948.
[3] Claude Shannon. Una teoría matemática de la comunicación. 1948.
[4] Alan Turing. Maquinaria computacional e inteligencia. 1950.
[5] Roger C. Conant y W. Ross Ashby. Every Good regulator of a system must be a model of that System. 1970.
[6] Norbert Wiener. The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society. 1950.
[7] El texto que inicia todo este interés es el articulo de los mencionados soviéticos, Las principales características de la cibernética, de 1955. En el caso de la RDA, el principal promotor de esta fue Georg Klaus, sobre el cual se puede leer en: https://cosmonautmag.com/2021/07/the-introduction-of-cybernetics-in-the-gdr-by-jerome-segal/.
[8] Friedrich August von Hayek. El Uso del Conocimiento en la sociedad. 1945.
[9] Oskar Lange. La computadora y el mercado, 1966; Introduction to economic cybernetics, 1969.
[10] Staffor Beer. Brain of the Firm; Second Edition (much extended). 1981.
[11] Vasily Pikhorovich. Glushkov y sus ideas: La cibernética del futuro. 2014. Disponible en: https://cibcom.org/glushkov-y-sus-ideas-la-cibernetica-del-futuro/.
[12] Jeremey Gross. Stafford Beer: Eudemony, Viability and Autonomy. 2020. Disponible en: https://www.redwedgemagazine.com/online-issue/stafford-beer-eudemon.
[13] West, D. K. Cybernetics for the command economy: Foregrounding entropy in late Soviet planning. 2020. Disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0952695119886520.
[14] Tenemos constancia de que Elena Veduta, hija de Nikolay Veduta, parece haber jugado un papel similar en la Rusia post-soviética, influyendo a colectivos cibercomunistas como Tsifrovoy Sotsializm (Socialismo Digital) (https://vk.com/@digital_socialism), pero, hasta hace pocos meses, nos hemos desarrollado de manera relativamente paralela.
[15] Un buen acercamiento a estos planteamientos puede encontrarse en la reseña de I. Wright a How labor powers the global economy, el ultimo libro que Farjoun y Machover han publicado junto a David Zachariahhttps://weeklyworker.co.uk/worker/1395/understanding-capitalist-dynamics/.
[16] I. Wright. Marx on Capital as a Real God. Disponible en: https://ianwrightsite.wordpress.com/2020/09/03/marx-on-capital-as-a-real-god-2/.
[17] Sin entrar en muchos detalles, la formula D – M – D’ es la expresión formal de la dinámica básica de los mercados: cierto agente hace una primera inversión monetaria (D) para comprar capital y producir cierta mercancía (M) que espera poder vender a posteriori generando cierta ganancia; es decir, más dinero del que tenía en un principio (D’).
[18] K. Marx. El Capital. Crítica de la economía política. 1867. Ver fragmento en:  https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/4.htm.
[19] E, Altvater. Notes on some problems of state interventionism.1973; W. Müller and Christel Neusüss, The illusion of state socialism and the contradiction between wage labor and capital.
[20] Ver Paul Cockshott y Allin Cottrell, Hayek, information and knowledge, en “Classical Econophysics”; Contra Hayek, en “Ciber-comunismo. Planificación económica, ordenadores y democracia”.
[21] J. O’Neil. Cálculo Socialista y Valoración Ambiental: Dinero, Mercado y Ecología. 2021. Disponible en: https://cibcom.org/calculo-socialista-y-valoracion-ambiental-dinero-mercado-y-ecologia/ ; A. Benavav. Cómo fabricar un lápiz. 2020. Disponible en: https://cibcom.org/como-fabricar-un-lapiz/.
[22] Esta idea se desarrolla ampliamente en la obra de Marzoa: “solo es posible un cálculo total cuando todos los datos del sistema productivo son de tal naturaleza que pueden ser todos ellos expresados en términos rigurosamente objetivos, y esto implica la sustitución de un proceso productivo con infinidad de microoperaciones humanas contingentes por uno de carácter automático, en que las decisiones se centren en los procesos de cálculo científico-técnico” (Felipe Martínez Marzoa. La Filosofía de El Capital. 1983. Capítulo IX.).
[23] Ibíd. Capítulo X.
[24] Etimología de CIBERNÉTICA: http://etimologias.dechile.net/?ciberne.tica.
[25] Tomas Härdin, Jan Phillip Dapprich, David Zachariah, Grigory Kopanev, Spyridon Samothrakis, Nicolas D. Villarreal, etc. Son buenos ejemplos.

CIBCOM: Grupo de investigación interdisciplinar dedicado a explorar las posibilidades de la planificación socialista de la economía en las condiciones tecnológicas actuales. Su objetivo es establecer los fundamentos institucionales, económicos y computacionales necesarios para construir un modelo de economía socialista democráticamente planificada, viable y eficiente, inspirada en las ideas de Marx.

Neoliberalismo: un concepto vacío, pero lleno de defensores en el Chile permanente

Mariana Mazzucato y Joseph Stiglitz ya dejaron Chile, pero su paso supuso una reacción alérgica de grandes proporciones en las páginas mercuriales, como si realmente hubiesen venido a derrocar el neoliberalismo.

La economista estadounidense-italiana Mariana Mazzucato ya dejó suelo chileno hace varios días. Aun así, las repercusiones de su corta visita todavía se sienten. Litros de tinta corrieron por las páginas de la prensa escrita para dar cabida a los lamentos de los columnistas de siempre para criticar sus dichos.

“Muchos economistas en el mundo estamos mirando a Chile como experimento para matar el neoliberalismo”, señaló la economista, para luego aclarar que la palabra que buscaba era “experiencia”. Sus dichos se sumaban a los que por esos mismos días pronunció el Nobel de Economía Joseph Stiglitz contra el modelo impulsado durante la dictadura de Pinochet: “Una de las razones por las que me entusiasmó venir a Chile es para ver el entierro y estar en el funeral del neoliberalismo”, señaló entusiasmado.

“Chile, ¿un campo de pruebas?”, se preguntó escandalizado El Mercurio en su editorial a las pocas horas. Sus reclamos vinieron acompañados por la ira de una serie de voces. Representantes de Libertad y Desarrollo (LyD), el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) y la Fundación Para el Progreso (FPP), entre otros centros de estudios de derecha con escaños reservados en nuestra prensa, lideraron una arremetida tan evidente como llena de rabia.

Las cartas al director de El Mercurio fueron un festín. “Sus ideas no son nuevas, son malas y fracasarán”, mandó a decir el columnista mercurial estable Gerardo Varela. “¿Qué quiso decir con ‘matar’ al neoliberalismo?”, se preguntó Francisco Pérez-Mackenna. Sus “desafortunadas frases (…) reviven un viejo debate donde abundan las caricaturas y campea la ignorancia”, dijo Carlos Williamson (LyD, Clapes UC). “Mazzucato ni siquiera se acerca a ser una economista rigurosa”, señaló Fernando Claro (FPP), para luego, ocupando una página completa en el Diario Financiero, profundizar en sus dichos. Su ignorancia respecto de los pergaminos académicos de Mazzucato le valdría una contundente paliza virtual en redes sociales.

Un espacio aparte merecen las contradicciones de los defensores del sistema. “A estas alturas, el neoliberalismo es un significante vacío”, argumentó Daniel Mansuy (IES) en su columna dominical de Reportajes. A su juicio, la izquierda se ha encargado de englobar todo lo que no le gusta bajo el mismo término, convirtiéndolo en “basura conceptual”. Vale, por lo tanto, preguntarse ¿por qué si el neoliberalismo es todo y nada a la vez hay tantas voces dispuestas a salir en su defensa?

Esta no es la única interrogante que queda en el aire. A ella sumamos, ¿qué nos dice la arremetida contra Mazzucato respecto de las elites políticas, económicas y mediáticas de nuestro país? ¿Cuán atrás ha quedado efectivamente la defensa del Estado subsidiario heredado de la dictadura? Si de algo sirvió la visita de Stiglitz y Mazzucato a Chile fue para dejar en evidencia la inmovilidad ideológica de algunas de las voces que más cabida tienen en nuestros medios.

La reacción de parte de la prensa tras los ataques al neoliberalismo es comparable con el ataque de rabia que un padre puede llegar a tener cuando alguien critica a su hijo. Y es que, finalmente, algo de eso hay en este caso.

En su libro Los economistas de Pinochet: la escuela de Chicago en Chile, Juan Gabriel Valdés explica a fondo el rol jugado por El Mercurio en la implantación del modelo neoliberal en el país y la relación del diario con los Chicago Boys a fines de los 60. “El Mercurio comenzó a aparecer como promotor de una nueva y controversial posición ideológica al interior de los sectores de derecha”, señala el actual embajador de Chile en Washington.

Como ya hemos expuesto en esta misma tribuna, el diario de los Edwards se convirtió en el principal sostén de un modelo que sería implantado pocos años más tarde durante la feroz dictadura de Pinochet sin Congreso ni prensa opositora que pudieran cuestionarlo. Se trataba no solo de un programa económico de desregulación del mercado y privatización. Como asegura Andrés Solimano, “también fue un intento para introducir un nuevo conjunto de valores y así cambiar la cultura de la sociedad chilena para hacerla funcional al nuevo modelo de sociedad que se estaba imponiendo.

¿Cómo explicar la cerrada defensa que el poder mediático chileno hizo de un sistema implantado a la fuerza hace más de 40 años? Los académicos Sunkel y Geoffroy lo explicaban así hace un par de décadas: “La raíz del problema se encuentra en el empresariado chileno: esto es, un empresariado ideológicamente homogéneo, educado en una matriz económica neoliberal y en un conservadurismo valórico donde quienes se salen de este esquema constituyen excepciones a la tendencia general. Esto incluye no solo a los propietarios de los medios sino también al conjunto de los avisadores”.

Mientras el lector termina estas líneas, Mazzucato y Stiglitz recorren otras latitudes dictando charlas, escribiendo papers y recibiendo un clamor poco frecuente para el mundo académico. En Chile, tras su visita, aún no queda claro cuándo se escribirá la lápida de un sistema que se instaló a la fuerza con el beneplácito de la prensa tradicional y que dirá adiós, irremediablemente, entre su llanto y pataletas.

Fuente: Interferencia

No fueron los comunistas y tu ahi estás, odiando.....

Que si milito o no milito en el PC de Chile, ss problema mio. Pero estoy harta de tanta ignorancia y anticomunismo trasnochado, por eso comparto unas precisiones, sobretodo hoy que la ultraderecha y la derecha desatan un sucio anticomunismo.

En primer lugar, en Chile nunca ha existido un gobierno comunista que arruine las arcas fiscales, como muchos pregonan. Tampoco fueron los comunistas quienes se robaron 725 empresas del Estado y las repartieron entre familiares y amigos durante la dictadura Cívico Militar. No fueron los comunistas quienes les robaron a los trabajadores los años de servicio y otros derechos laborales, como sí lo ha hecho la derecha, durante la dictadura y luego con sus legisladores truncando y vetando leyes y avances o solicitando la inconstitucionalidad en el TC.

No fue el PC chileno ni los comunistas quienes, durante 40 años, se beneficiaron con el Decreto 701, subvencionando el 75% de sus plantaciones de monocultivos. Fue Ponce Lerou, el yerno de Pinochet junto a los más "vulnerables" de este país: Los Angellini y los Matte. No son los comunistas ni el PC de Chile quienes se coluden contra el pueblo. Es la elite empresarial y la desidia de la clase política que ellos corrompen y financian quienes meten sus sucias manos en los bolsillos de la gente. Ellos especulan, manipulan el mercado.

¿Quién se quedó con los recursos de la Deuda Histórica de los Profesores? . No fueron los comunistas. Fueron los esbirros de la Dictadura de Pinochet. Dineros que al día de hoy no han sido restituidos a sus legítimos dueños, muchos de los cuales ya han fallecido esperando su Dinero.

¿Quiénes se quedaron con los Derechos de Agua, provocando escasez hídrica y dejando comunidades enteras en la miseria quebrando la pequeña agricultura, matando sus animales?. No fueron los comunistas. Fue la derecha y su espuria Constitución del 80 y su Código de Aguas.

Hablando de la Constitución del 80.

¿Quiénes mintieron, manipularon, boicotearon un proceso democrático para cambiarla? Fue la derecha y sus nuevos socios amarillos y autoproclamados "centro izquierdistas". Ya pasados más de 45 días aún no existe certeza de esa "Una que nos una".

Y en los casos de corrupción y desfalcos más escandalosos de la historia republicana no están involucrados los comunistas. El Pacogate, Milicogate, Caso Fragata, desfalcos en FACH, PDI, Municipio de Viña del Mar, Maipú, Las Condes, Vitacura, Los Nogales, Santiago, etc Sumados todos, son más de $500.000.000.000 (Quinientos mil millones de pesos) desfalcados al Estado por la derecha chilena, no por el PC de Chile. No fueron comunistas. Fueron Oficiales de las FFAA y de Orden, fueron de la UDI, de RN. Fue la derecha chilena y la elite militar.

¿Quiénes saquearon durante el Estallido social?. Ni un solo militante del PC. Sin embargo, sí concejales de la UDI, funcionarios de Maipú, Seguro de Barriga, Carabineros coludidos con gendarmes. Empresarios del rubro librería en Valparaíso. Gerentes de empresas de seguridad.

¿Quiénes trafican armas? No es el PC. Las roban militares y carabineros y las trafica gente asociada a la ultraderecha de grupos como Apra, Republicanos, Comando Triziano, Patria y Libertad. ¿Quiénes trafican droga? Sobrinos de ex Ministros como Larraín Sobrinos del RN Chahuán.

¿Quiénes lucran con nuestros dineros de jubilación? No son empresas del PC. Es la elite empresarial. Esa que pierde tus fondos mes a mes pero que retiran grandes sumas de dinero por la "Utilidad" de una inversión que tú haces, con tu dinero, pero que sólo accedes a las pérdidas.

¿Qué te han estafado, quitado, robado los comunistas? Nada. ¿A quién ha asesinado, torturado, exiliado, relegado, desaparecido algún comunista? A nadie. Siempre ha sido la derecha y la elite económica. Pero ahí estás, odiando a quien nada te ha hecho y amando a tu opresor.

Guerra digital contra la Convención Constituyente y Futuros Procesos Eleccionarios en Chile y El Mundo

Hoy Internet fue desde sus inicios una red abierta, dio lugar a la emergencia de un espacio común digital y a un ejercicio sin precedentes de la libertad de expresión y del debate inclusivo. Pero, debido a la falta de regulación apropiada, las redes sociales —empresas privadas— se constituyeron en monopolios que privatizan el debate y obstaculizan la deliberación.

Análisis Constitucional:

Todo parte desde Septiembre de 2019, cuando CiperChile realiza una nota sobre “guerrilla digital contra la convencion constituyente”.

“Si bien Twitter siempre se ha caracterizado por fomentar el debate digital respecto a diversos temas, desde hace un tiempo vienen formándose grupos que actúan de manera organizada para atacar a individuos o grupos determinados. Hoy en Chile, ese grupo bajo ataque es la Convención Constituyente (CC)...”

En la columna se cuenta que hace meses hay intenciones para crear acciones coordinadas para posicionar la postura del «Rechazo» como gran mayoritaria en redes sociales, a través del uso de cuentas anómalas “bots” y acciones organizadas de copamiento de la agenda.

Durante los meses de Enero a Abril del 2022, en pleno debate constitucional, se votaba sobre la propiedad de los fondos de pensiones y en su mismo momento el fracaso del quinto retiro, hábilmente aprovechados por Bernardo Fontaine, un ex constituyente que se dedicó a predicar la palabra de la desinformación y las mentiras en las redes sociales y canales tradicionales, marcando la llegada del Rechazo al primer lugar en las encuestas.

Para asegurarse de mantener esa ventaja, se desarrolló una exitosa campaña que duró casi cinco meses, fuera del periodo legal para hacer propaganda. Más de 20 cuentas de redes sociales invirtieron más de $116,7 millones en Facebook e Instagram para difundir noticias falsas que estarían en riesgo los fondos de pensiones, los colegios particulares subvencionados, la vivienda propia y la atención de salud.

Estas noticias de contenidos e interpretaciones bastantes extremas e hipotéticas, son utilizados para lograr una conquista y mantener la ventaja por sobre el “Apruebo” en las encuestas, pero había que mantenerla.

La exitosa estrategia estrenada por algunos constituyentes (como que los fondos de pensiones ya no serán de los trabajadores), fue repetida por el Rechazo en temas sensibles para los ciudadanos como: la vivienda (no se garantizará la casa propia), la salud (las personas solo se podrán atender en hospitales públicos y aumentarán las listas de espera) y la educación (el Estado dejará de financiar los colegios particulares subvencionados, por lo que van a desaparecer).

Estas ideas fueron difundidas a través de una minuciosa estrategia comunicacional en redes sociales y medios de comunicación tradicional, la que se extendió desde inicios de abril hasta la realización del plebiscito. Esta estrategia de difusión abarca casi cinco meses de campaña (tres de ellos fuera del plazo legal establecido por el Servicio Electoral para hacer propaganda).

Escenarios Actuales

Las redes sociales se fueron constituyendo en monopolios mundiales a una velocidad vertiginosa, apoderándose del ejercicio de la libertad de expresión, privatizando el territorio de Internet y actuando como verdaderos estados de facto.

Desgraciadamente, a diferencia de un Estado de Derecho, cuya acción tiene como objetivo la defensa y la promoción del interés general, una red social actúa en su interés propio y el de sus inversionistas, no en el nuestro. Su visión del «bien común» es la filantropía, incompatible con la solidaridad democrática.

Las redes sociales estructuran el debate público: las normas que nos imponen condicionan el contenido mismo de nuestra manera de pensar, las opiniones que nos proponen sus algoritmos son las con mayor potencial de «like», no las de mejor calidad ni las más necesarias para la construcción de una ciudadanía democrática.

Asimismo, actores malintencionados y políticos populistas (ultraderecha) aprendieron a explotar los algoritmos de recomendación para avanzar sus agendas anti-democráticas, incitando al odio, a la violencia y a la beligerancia entre la ciudadanía, transformando Internet en un supermercado de la opinión, en donde más recursos destinan en publicidad, más fácil de imponer tu opinión en las redes sociales.

Casos de estudio a nivel Mundial y ahora Chile

Cuando fue descubierto el escándalo de Cambridge Analytica, la empresa fundada por Steve Bannon y la familia Mercer, directivos y financiadores de Heritage Foundation (la más importante de Atlas Network) que participó muy activamente en las campañas de Trump, Brexit, Bolsonaro y Macri. Se patentó entonces un nuevo modelo exitoso de hacer campañas electorales con la ayuda de plataformas digitales: llenar la red de mentiras y mensajes de odio, noticias creadas por diarios digitales, medios tradicionales, medios locales no tan independientes o influencer reales o anónimos. Estos mensajes deben ser difundidos de manera coordinada por cuentas automatizadas o personas reales, para aumentar su visualización y algoritmos en las plataformas digitales usadas, principalmente Facebook y Twitter.

La red internacional del odio y la mentira que comenzó Steven Bannon, con sus métodos digitales y que luego han continuado actores como VOX, Atlas Network, ha ido extendiéndose, captando nuevos socios como José Antonio Kast y la última campaña del RECHAZO hacia la propuesta de Nueva Constitución. La red de fundaciones de Atlas Network que articula la estrategia comunicativa de José Antonio Kast tiene un marcado carácter de ultraderecha. Este conglomerado defiende las políticas neoliberales de Milton Friedman y los Chicago Boys, aplicadas durante la dictadura, y también apoya la figura del dictador Augusto Pinochet. La red de medios digitales, youtubers, economistas, trols anónimos y bots desplegada por estas fundaciones articula una estrategia comunicativa que copia el método Bannon: utilización de plataformas digitales y medios tradicionales para la creación de fake news, mensajes de odio y uso de cuentas falsas y automatizadas.

Estás mismas campañas la han usado en países como Estados Unidos, Inglaterra, Ecuador, Colombia, Perú, Argentina y ahora en Chile.

Por eso es necesario avanzar hacia una regularización de nuestro espacio común digital, evitar vulneración derechos, proteger libertades, generar condiciones para la deliberación, condición para fomentar la democracia.

Contra la mentira, 'es justo lo pedido y es tan poco'

En esta columna, la diputada y abogada de derechos humanos, Mercedes Bulnes, reflexiona las intenciones políticas detrás de la campaña del Rechazo, en su focalización mentiras y falsedades. "Es justo lo pedido y es tan poco", concluye parafraseando la Cantata de Santa María de Iquique.

Impresiona la desesperación de la derecha al no tener argumentos válidos para rechazar el proyecto de nueva Constitución. No dudan en dedicar su campaña a propagar falsedades o directamente mentiras.

Cabe preguntarse ¿Cuándo se miente? Cuando la verdad no conviene. Cuando no puedes lograr tu objetivo con la verdad, Cuando debes disfrazar tus intenciones y aparecer distinto de lo que eres, Cuando quieres cuidar tus privilegios o mantener todo como está. El mentiroso es capaz de todo. El demonio, nos dice el Evangelio, es el príncipe de la mentira. Dirán por ejemplo, “no denuncié a mi agresor por amor”, en un spot de la franja en que un supuesto trabajador sexual, dice que habría tomado esa decisión para no “perjudicar” a la familia de su atacante. Con eso insinúa que la impunidad de los delincuentes es una buena obra, aunque, por otra parte, denostan la delincuencia.

Calificarán como “una estupidez” la paridad de género, ninguneando años de lucha de las mujeres por el respeto que merecen

¿Qué es lo que temen? No una derrota política o moral. Temen la pérdida de sus privilegios económicos y sociales. Buscan confundir a la gente. Buscan sembrar el temor a los cambios, disfrazándolo de todas las formas posibles. Mienten y engañan: que si la vivienda no será propia… que si no podrá haber colegios privados …, que si las listas de espera de la salud pública irán de mal en peor… que podrá abortarse hasta antes del parto …. que los pueblos originarios tendrán mayores derechos que los demás chilenos …. que la justicia no será igual para todos …. Todas cuestiones que chocan con el texto de la Constitución o que ésta entrega a la ley o a las políticas públicas.

Olvidan, de manera interesada, que la codicia ha provocado desigualdad, pobreza y no satisfacción de las necesidades de la mayoría. Los domina el egoísmo y el temor de ser tratados como iguales. Se sienten superiores…, los que saben … los que entienden ….,los inteligentes …. Temen ser tratados o vistos como iguales a aquellos a los que secretamente desprecian, pero que no dudan en utilizar. Les aterra compartir la misma aula de educación, la misma sala de espera para salud, o la misma jubilación tranquila.

La Cantata de Santa María de Iquique, escrita por Luis Advis y cantada magistralmente por Quilapayún, narra la historia de la huelga salitrera de 1907, que termina en la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, ocurrida el 21 de diciembre de ese año. En ella hay un verso que me emociona, desde la primera vez que lo escuché y hasta el día de hoy. No ha perdido su vigencia ni potencia.
 
Hermano con hermano preguntaban.
Es justo lo pedido y es tan poco
¿tendremos que perder las esperanzas?

“Es justo lo pedido, y es tan poco”. Aunque parezca poco, el Apruebo es el gran cambio que los chilenos esperamos por décadas, para vernos como iguales en derechos y deberes. Una simple línea puede cambiar el destino de la historia. Tenemos una nueva oportunidad, sin armas, sin violencia.

Yo apruebo por el prójimo y por los míos.

Fuente: Interferencia

5 escritos y una decisión

En 5 escritos y una decisión se aprecia una línea de expresión, si bien en su apariencia, diversa, coincide en todos un mismo lugar: el propio. Es desde el enfado, pero más bien, se trata de cuando se alza la voz con el propósito de ser escuchado tras una larga afonía, que Carreño asimila desde esa Patria derechista a un gran taller literario popular donde la palabra es Apruebo y su negación, el Rechazo. Es también, desde el deseo de Nelly Muñoz por un lugar distinto, a manera de rechazo por el lugar común fabricado a base de marketing publicitario en una eterna invitación al éxito que solo da muestra del escenario bélico entre ganadores y perdedores. Germán Carrasco destaca la solidaridad de estibadores, esas personas que cargan el peso para que otros tengan lo que necesiten, sobre su mesa, y pescadores, los bravos mestizos que en la actualidad persisten con la labor de los pueblos recolectores costeros y se extraña del por qué no hay registro fílmico de las batallas campales a remos y bote en la calle contra los Pacos en una pregunta a modo de ejercicio para saber dónde es que está hoy la masculinidad. En Consuelo Araya Urrutia, el Apruebo se debe a su costumbre por votar siempre contra Pinochet y contra quienes tienen tal miedo inconcebible a la pobreza, que se trepan a los cerros o se van a valles escondidos, parcelas de extensión de pasto, todo: mientras la sequía o fiestas de frivolidad en pandemia.  JP Rodriguez en medio de la confusión que provocó el gentío en el jardín del ex-Congreso para los transeúntes acostumbrados a ver salir o entrar solo a funcionarios y Honorables Diputados, ahora adivinan si se trata de un convencional, periodista o asesor y advierte el temor de la Élite: le tiene pánico a que el roterío piense y hable básicamente porque ello iguala a todos y eso es inaceptable.

El Apruebo es el abrazo que reconoce la distancia hecha cercanía en un espacio de intersección llamado Chile, el hogar de siempre pero olvidado. Es el tiempo de nosotros, de quienes se han deshidratado en sudor a la hora de trabajar por Chile. Nos merecemos un descanso y eso, viene con esperanza. En la pausa del abrazo encontramos al hermano, hermana y ahora, hermane, palabras con la h de hermoso.

Juan Carreño, La Pintana:
A Juan Carlos Vergara y a los jóvenes bruno vidales.

Votar rechazo es tenerle miedo al poema. El estallido impuso su violencia y poética porque nuestra generación (las seilor mun y las gokú) fue criada así: a puro golpe. Chile no es un país democrático, o sí, tal vez: la democracia del dejarse estar y pensar que no podemos escribir ni pico en un baño público.

El metro no se raya ni se quema: el embajador de Suiza me dijo que mi poema estará por siempre en la estación del metro Ñuñoa. Le dije: no faltarán los poetas que vandalicen la estructura. Ojalá sea así. Rechazar un texto es pega de editores nobles y no de gente que no quiere leer y más encima amenaza: LO TIENEN TODO: SIEMPRE LO HAN TENIDO: NOS METIERON EN POBLAS DONDE NUNCA PENSARON QUE LA GENTE TENDRÍA AUTO: EL HACINAMIENTO ES A PROPÓSITO ACASO? QUÉ QUIEREN DE TODO ESTO?.

Rechazar es negarse a escribir. Pensemos como poetas: la palabra es peligrosa. Pensemos como ustedes: es que si lo escriben los cumas está mal hecho. Es que no saben escribir: (hasta ahora hay gente que me dice que el compro fierro no es poesía, ordinario, lee el siglo de oro). El rechazo es el chile que le teme a que la gente escriba, poetas, cómo alejarnos de eso? Cómo tenerle miedo al poema? La convención fue un taller literario con todas sus chambonadas entusiastas en donde el gesto noble es la primicia: escribir. Tanto miedo le tienen a las palabras?. Usted que ha escrito?. Desde el estallido todo Chile es un taller literario. Cosa que los fachos nunca harán, prefieren matar que escribir. Prefieren matar que publicar. Prefieren matar que pensar. Prefieren creerse mejores que escribir. Allí está el texto, el poema: la nueva constitución. Toballa. Celebro. Endenante. Porque tenemos el derecho a escribir mal, apruebo. Porque equivocarse es bonito dijo bad bani. Chile sigue siendo Chile, Chile no será mi Chile porque yo lo escriba. Ni el rechazo ni el apruebo me harán mejor persona, pero prefiero un pueblo que escriba, que esté en tensión, que nos cuestionemos los privilegios y porque si a los fachos les molesta, ojo, ahí es. Pa mí todos ustedes son poetas hasta que demuestren lo contrario. Yo no soy un hombre de letras, yo soy un guacho de palabra, lo que digo lo hago, y lo que hago no es siempre mi deseo y eso lo respeto. Respeto. Algo que en Chile se olvida. Cuando los pobres escribimos saldrán a corregirnos diciendo que así no se escribe. Hay una casta pinochetista que todos los días amanece en mi población, está en la feria, en la gente que no lee porque trabaja, es la misma gente que ustedes tratan de convencer con miedo, con güeás más falsas que la idea de felicidad. Apruebo el tartamudeo, apruebo a Gabriela mistral en sus notas del tala, apruebo el riesgo, apruebo la palabra, apruebo la choreza, apruebo porque la rabia no se extinga con todo esto, y apruebo con ganas, no me vengan con sandeces, el rechazo está contra el poema y contra la aventura, en serio les parece tan chistoso ser chilenos?

Nelly Muñoz Parga, Curacaví:

De mis treinta y cinco años de vida, he vivido desde los veinte y dos en el ejercicio de mi profesión y desde hace once, soy madre soltera, aunque mi hijo asegura, parece de doce. Qué parezco yo cuando me miro al espejo?. Ese es un ejercicio muy ligado a mi rutina. Debo salir de casa con la mejor disposición y mucho de ello radica en cómo saludo, o entrego una sonrisa, en definitiva, desde el rostro. Aun siento, en el transcurso de las jornadas, de las clases, los recreos, todo fuera tal como fue el primer día, mi primer día frente a un curso de niños y niñas. Jóven en ese entonces, mi mayor motivación era enseñar, en rendir, en traspasar conocimientos, en las aptitudes y en lograr ser la mejor clase. Todavía siento ese aire del ímpetu, una fuerza se encuentra en el camino o se lleva dentro. En mi caso, fue un poco ambas. De mis padres recibí esta manera de ser y entender. Una familia formada por un profesor primario, normalista y una dueña de casa. Mucha sencillez y cierto grado de orgullo. Y eso pensé, podría enseñar, de alguna manera, se trataba de eso.

Me entusiasmé con la vida, con mis experiencias, empecé a observar el entorno, a mis vecinos, descubrí por los animales la relación recíproca de atención y afecto, un vértigo hacia la vacuidad o lo que se echa de menos en el paisaje: la ropa colgada cuando los cables están solos, los tachos de basura vacios, el estero Puangue sin el curso del agua o el sentido de la vecindad entre vecinos.

Me agrada la independencia y en la medida, mi hijo crece, la independencia tiende al sinsentido. No es fácil para una madre soltera cubrir todos los aspectos de la emocionalidad y cierta incomodidad en el fondo, entrega el espacio a la angustia, un temor interno. A mi hijo le quedan seis años para ingresar a la universidad. Por otro lado, no tengo una casa propia. Mi Registro Social de Hogares tiene asignado un 90%. Con eso, postular a una casa via proyectos de viviendas sociales es imposible. Con mi sueldo como educadora diferencial, via crédito hipotecario, también y además resulta: me gusta Curacaví. Yo no sé qué pasó entre medio o no me di cuenta, pero de repente, los arriendos y los precios de las casas o terrenos son el triple. Y frente al espejo, reconozco estas preocupaciones. Aprendo a vivir con ellas, creo, mi cuerpo aguanta aun más, sin embargo, está por llegar la mayor de todas: la jubilación.

Soy una persona, se considera sencilla, multicolor, geométrica e interesada en la convivencia. Hoy, este espacio común de la vida se asemeja mucho a un campo de batalla entre ganadores y perdedores. Muchos perdedores y muy pocos ganadores. Unos perdedores ya despiertos, con todo el malestar de la resaca tras la borrachera consumista, pagada con tarjeta de crédito en el supermercado nacional de este estado subsidiario, muy bien definido en la Constitución de 1980. Unos ganadores que jamás muestran un lado amable: son codiciosos en tiempos de vacas gordas y unos miserables dispuestos al abuso de la mentira, en las flacas. Yo, no quiero eso y por el contrario, deseo un lugar distinto, por cierto mejor y ahí, en ese afán, donde además reconozco en mi cuerpo un gran pedazo de tierra dispuesta a dispensar el abono de la esperanza por una sociedad más equitativa para mi hijo, mis padres, los alumnos que he tenido y los que tendré, los animales con los que convivo, los vecinos, los distintos, los parecidos, me entusiasma esta Nueva Constitución paritaria, con pueblos originarios, orientada a las grandes mayorías, escrita y ahora propuesta dentro del tiempo acordado. Todo eso y un poco más es la cita para votar este 4 de septiembre y sencillamente, por eso Apruebo.

Germán Carrasco Vielma, Independencia:

GENTE DE NUESTRO PAÍS QUE ES INVISIBLE HASTA EL MOMENTO PERO SERÁ VISIBLE CUANDO GANEMOS POR GOLEADA: ESTIBADORES, PESCADORES ARTESANALES, MARINOS MERCANTES.

Quiero ser estibador pero es demasiado tarde. Son entero choros. Cuando se ponen bravos no los detiene nada. Otra cosa: cargan la comida que está en tu mesa, los aparatitos tecnológicos que tienes en la mano. Una vez yo estaba en un cerro de Valpo haciendo sombra y me miró uno y dijo, mira, así es muay thai, así en karate, así etc. Era un experto. Y bajó súper alegre a apoyar otra huelga de los pescadores artesanales, que antes los habían apoyado a ellos. Las peleas a remos de los pescadores artesanales contra los pacos son algo que no entiendo cómo no está registrado en cine. O cuando le oía en casa de Oscar Barrientos decir frases al marino mercante Cisternas "ahi tuvimos que descargar cajas de pescado a pleno frío con nuestros hermanos ingleses" o cuando hablaba de lo terrible y duro que es un barco por dentro, las peleas a tajos, los chinos y coreanos. No marinero, a mí me gustaría ser simplemente estibador y tener un cuerpo alimentado de pescado todo el día. Una especie de tiburón de músculos y fibra. Sinceramente no entiendo a las chicas que dicen se acabaron los hombres de verdad. No si los vas a buscar en el drugstore tomando cortado con pastelitos, obviamente. Hay que buscar donde los hay de verdad. Por cierto, los hombres de verdad votan APRUEBO.

Consuelo Araya Urrutia, Barrio Yungay:

Porque hay muertos y ciegos y tuertos y hubo estudiantes y saltos de torniquetes en jumper y con mochilas. En octubre la revuelta desbarató supermercados y por las calles del barrio subían las llamas y de las ventanas colgaban cacerolas, cucharas, parlantes improvisados y carteles “basta” y nos autoconvocamos en Dignity Square. En una barricada, el pueblo constituyente quemó un ejemplar de esa carta otorgada. Mi vecina captó el momento, replicó en cianotipia la foto y ahora la estoy viendo: el recuerdo vivo de esos días en mi pared para no olvidar.

Quemamos también al caballero de la sonrisa y su mediocridad y a quienes le siguieron tan cómodamente mientras la educación subvencionada y otros desastres. Apruebo porque siempre he votado contra Pinochet y contra quienes tienen tal miedo inconcebible a la pobreza, que se trepan a los cerros o se van a valles escondidos, parcelas de extensión de pasto mientras la sequía, fiestas de frivolidad mientras la pandemia. Porque somos muchas más y esto sí prendió, cabres. Voto apruebo, para que termine la radioactividad lesiva a la que hemos estado expuestos bajo esa vieja ley fundamental, para asistir a la caída del antiguo régimen de Chile. Chao Pinochet, hasta la vieja se murió.

Apruebo porque los dinosaurios van a desaparecer. Siempre creí en el profeta Charly García, por lo de desprejuiciados son los que vendrán y otras visiones. Y nosotras estamos más vivas que antes para verlo. Si no tuviera razones para votar apruebo, me bastaría ver a ese océano y desierto que es Zurita, para saber que, como sea, será hermoso.

Juan Pablo Rodriguez, Santiago:

¿Periodista, asesor o convencional?

La convención fue el manguereo de vereda de la política chilena, una bomba de oxígeno que llevará un tiempo percibir como lo que fue. Paritaria, con escaños para pueblos indígenas, con alta representación de independientes; incluso los partidos políticos tradicionales adentro tuvieron que dejar de comportarse un poco como lo hacían regularmente. ¿Periodista, asesor o convencional? Preguntaban quienes esperaban ver, afuera del ex congreso, salir a algún constituyente para pedirles algo o saludar, porque los convencionales constituyentes eran personas comunes y corrientes, y se veían así. Intuyo que es este carácter prosaico y poco dado a la estatua lo que precisamente predispone negativamente a cierta gente a una imagen de la convención (la imagen que instalaron los medios). La democracia de unos pocos nos acostumbró a "odiar a los políticos" y a resignarse al mismo tiempo a que son esos políticos los únicos que pueden hacer política. Es cierto que varias veces la convención operó como curso de colegio o escuela, y hubo mucho –no podía ser de otra manera– ameteurismo, pero escribieron un texto que sintetizó lo mejor de ese grupo de 154 personas que trabajó incansablemente por sacar la pega. Y la sacaron.

La convención fue un espacio para el acopio de palabras. La élite se atemoriza cuando "el roterío" piensa y habla, no porque sea una señal de revuelta, sino porque los pone en una condición de igualdad. "Pueden pensar, argumentar y tomar decisiones igual que nosotros" (¡Qué se han creído!). De esto se dieron cuenta varios de los convencionales de derecha y ultra derecha que bajaban no muy ganosos desde las montaña al centro de Santiago. La convención hizo lo que sus colegios no pudieron: exponerlos como iguales ante quienes veían principalmente como subordinados.

La convención fue un lugar para la circulación de palabras y el relajo de mandíbulas. “No hemos nacido para el canto sino para el acopio de palabras en el rechinar de los dientes”, decía Enrique Lihn. Hemos vivido con bruxismo tanto tiempo, obligados a movernos cabizbajos, a saber perfectamente que todo lo que permita vivir mejor está mal repartido. Esas palabras guardadas hace tanto comenzaron a circular, no con la velocidad aletargada del mundo del trabajo, ni con la eficacia de una píldora de fé o sertralina, sino con el ritmo del caminar.

Elisa Loncón, en el discurso inaugural de la etapa de discusión constitucional: “permitamos que camine la palabra, porque hay que recordar que la palabra pone en movimiento el universo, porque surge de él”.

Cuando gane el apruebo dejaremos de bruxar.

Inaceptables declaraciones de Relator de la CIDH sobre la prisión política en Chile

Las recientes declaraciones emitidas por el Relator para Chile de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Joel Hernández, en las que señala que en nuestro país no hay presos políticos, revelan no sólo un grave desconocimiento de la normativa internacional aplicable sino también evidencian una grave contradicción con lo señalado por los Informes emanados de los propios órganos del sistema interamericano del cual él forma parte.

En primer lugar, es necesario señalar que la única definición normativa sobre prisión política en derecho internacional es la Resolución 1900 del 3/10/2012, de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que señala que “Toda persona privada de su libertad personal debe ser considerada como un “preso político”: a) si la detención ha sido impuesta en violación de una de las garantías fundamentales consagradas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (ECHR, por sus siglas en inglés) y sus Protocolos, en particular, la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, la libertad de expresión y de información, la libertad de reunión y de asociación; b) si la detención ha sido impuesta por razones puramente políticas, sin conexión con cualquier delito; c) si, por motivos políticos, la duración o las condiciones de la detención están claramente fuera de proporción con el delito por el cual la persona ha sido declarada culpable, o presuntamente responsable; d) si, por motivos políticos, él o ella son detenidos en forma discriminatoria en comparación con otras personas; o, e) si la detención es el resultado de procedimientos que fueron claramente injustos y ésta parece estar relacionado con motivos políticos de las autoridades.

Si nos atenemos estrictamente a esos parámetros, es ciertamente posible considerar que los presos de la revuelta social son presos políticos, puesto que su encarcelamiento se ajusta a la mayoría de las exigencias establecidas por la mencionada Resolución. En efecto, uno de los fundamentos del Proyecto de Ley de Indulto General que persigue su libertad (Boletín N° 13.941-17), moción parlamentaria que fue aprobada por las Comisiones de Derechos Humanos y de Seguridad Pública del Senado, fue invocar lo señalado por la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Informe difundido después de su visita in loco a nuestro país, que afirmó que durante el estallido social se intensificaron las protestas “registrándose en varios casos, de manera repetitiva, abusos, detenciones y uso desproporcionado de la fuerza para enfrentar estos conflictos por parte de los agentes estatales, seguido de una falta de alineamiento con los estándares internacionales en la gestión de las protestas también, que generó una fuerte agenda de movilizaciones de la sociedad civil”.

Además, el Proyecto de Ley mencionado se fundamentó en lo señalado por la propia Relatoría de Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que alertó sobre la manipulación del poder punitivo con fines de criminalización de la protesta social, caracterizado entre otros, por la acusación a manifestantes de delitos como daños al patrimonio, coacción, o amenazas, adaptando, en ocasiones, las figuras delictivas para que se puedan aplicar a los actos de manifestantes que se desean penalizar y así poder justificar su detención y la aplicación de la prisión preventiva.

Además, tuvo presente el que “los actos que revisten características de delito, cometidos por ciudadanos y ciudadanas, son punibles desde la perspectiva penal; sin embargo, respecto de estos delitos en el contexto que se indica, se ha vivido un proceso distorsionado por una respuesta estatal desproporcionada seguida de detenciones masivas y la apertura de múltiples procesos penales, abusos y vulneraciones a las garantías procesales de las personas imputadas, lo que ha significado la privación preventiva de la libertad en plazos injustificados que no tomarían lugar en circunstancias de normalidad.” Cuestión que es refrendada por la ONG Human Rights Watch, que da cuenta de una práctica extendida de detenciones ilegítimas, que ponen un desafortunado manto de duda sobre el resguardo del Estado de Chile de las garantías procesales de las personas. La organización afirma que “la Defensoría Penal Pública indicó que, en la primera semana de manifestaciones, casi se cuadruplicó la cantidad de detenciones que en esas audiencias se declararon ilegítimas, pasando de ser el 2% de las detenciones al 7,6%, debido a que no había pruebas de que se hubiera cometido un delito y, en algunos casos, porque los detenidos habían sufrido abusos cometidos por Carabineros. Desde el 29 de octubre, esa cifra se ha reducido, pero los jueces todavía siguen detectando el doble de detenciones ilegales, un 4,5%, que las observadas en los meses previos a las protestas, cuando eran un 2%.”

Por su parte, en marzo de 2020, Amnistía Internacional señaló que “ha tenido conocimiento que cientos de personas se encuentran privadas de la libertad por delitos menores como el de “desórdenes públicos” en conexión con las protestas de 2019. Muchos otros se encuentran en prisión por el uso indebido y desproporcionado del derecho penal, tras la aplicación de leyes como la Ley de Seguridad Interior del Estado. Asimismo, la nueva ley Nº 21.208, conocida como ley “antisaqueos” y “antibarricadas” de enero de 2020, ha despertado serias preocupaciones debido a que, por ejemplo, castiga penalmente la obstrucción de la vía pública en el contexto de manifestaciones sociales.”

Concluye el Proyecto de Ley en su fundamentación señalando que “Los hechos imputados a los y las beneficiarias por el presente proyecto de ley, acaecieron en un contexto excepcional desde el retorno a la democracia, que se caracterizó por violaciones graves y masivas a los derechos humanos por parte de fuerzas policiales y militares, por lo que algunas de sus conductas pueden encuadrarse dentro de conceptos tales como el ejercicio legítimo del derecho a la protesta social, así como el derecho a la legítima autodefensa frente a las agresiones masivas y graves del Estado y sus funcionarios contra la población civil.”

La decisión del Estado de neutralizar la protesta social a toda costa, significó encarcelar a cientos de jóvenes a través de la sustanciación de procesos irregulares, prisiones preventivas de duración excesiva o determinadas sin otro antecedente que la declaración del funcionario (carabinero) aprehensor, así como muchas condenas basadas sólo en el mérito de las declaraciones policiales, en la aplicación de torturas o malos tratos en los recintos policiales y carcelarios y en no pocos casos de montajes, cuya falsedad de las acusaciones se demostró después de meses de sufrir la prisión preventiva por parte de los afectados. La persecución penal por parte del Estado, en cambio, fue distinta en el caso de los violadores de los derechos humanos, los que han gozado de la más absoluta Impunidad y a muy pocos se les ha aplicado una medida cautelar restrictiva de su libertad.

En consecuencia, no sólo es un error y un grave desconocimiento por parte del Relator Joel Hernández reducir la prisión política a los presos de conciencia, esto es, presos “por pensar distinto”, sino que es una reprochable posición que frecuentemente adoptan los Estados y sus autoridades políticas que asumen para desconocer la existencia de otros encarcelamientos con características políticas, tildándolos de delincuentes comunes, lo que constituye una doble vulneración de los derechos humanos de las personas privadas de libertad, como ocurre con los presos políticos de la revuelta. Y eso, un Relator de la CIDH no tiene derecho a ignorarlo ni desconocerlo.

Los autores son integrantes de la Comisión Chilena de Derechos Humanos.

La ruralidad en Curacaví y la posible Nueva Constitución en Chile

Es inminente en unos meses el fin de un proceso constituyente, que surgió debido a un ciclo de malestar con el orden institucional y social, establecido en los años ochenta, con la Constitución de 1980, enmendada por los gobiernos de la Concertación.

El hastío generado por ciertas fisuras, desigualdades y distorsiones que tiene el llamado neoliberalismo en Chile, trajo una expansión del consumo y una sensación que pidiendo prestado y logrando conseguir a crédito toda clase de bienes y servicios, no era importante crear un tejido social, que diera pilares para asegurar la seguridad social (pensiones), entregar educación, no sólo en la cobertura sino en la posibilidad de lograr equiparar la falta de calidad y oportunidades (calidad al sistema educativo), ver que empresas y empresarios no tengan tanto poder ni sean capaces de corromper ni manejar el sistema político (corrupción), se permita tener poder de negociación efectivo, a los trabajadores o se aboquen a no diversificar la matriz productiva de un país, que ante cualquier coyuntura económica desfavorable, permita dar cobertura, seguridad y respaldo al sistema económico.

Lo anterior, someramente relatado, permite dilucidar lo necesaria que es una nueva constitución y gran parte del descontento que alteró de forma violenta y explosiva, la paz social, que la ciudadanía, las élites dirigentes y los políticos son responsables de salvaguardar, por el bien común, principio surgido en la Ilustración del siglo XVIII y no de un país socialista o del vecindario latinoamericano.

Ante lo brevemente expuesto, cabe preguntar, ¿tiene importancia una Constitución? ¿Es necesaria para asegurar la paz social o permitir políticas públicas, que combatan toda serie de problemas que afecten al orden social, de forma eficaz, igualitaria y eficiente? O también, permitan crear consensos no impuestos, sino acordados por mayoría. Es cierto que sí.

Trasladando la discusión a Curacaví y al sector rural, permitir no crear nudos y trampas, permitiría generar una mejor sociedad. Por ejemplo, la serie de decretos leyes, problemas de quórum, no fueron capaces de reformar la distribución del agua en Chile. No se trata de que se quiten los derechos de pequeños parceleros y medianos agricultores; sino que se regulen por el Estado, que se repartan de forma equitativa, eficaz y garantizando el bien común. De esta forma, no se permitirían abusos ni concentración de derechos de agua, que irían a las manos de unos pocos propietarios, afectando funciones básicas, como el consumo propio para el resto de las necesidades y el uso de pequeños campesinos.

Por ejemplo, que se permita reformar a organismos que propicien el desarrollo rural y no sólo solicitar el apoyo financiero de los bancos, como CORFO, o mayores apoyos que podría dar el INDAP, para potenciar el desarrollo agrícola. O no sólo subsidiar las empresas agrícolas de mayor envergadura, sino promocionar cooperativas y ayuda financiera presente y futura. Es decir, permitir una intervención más activa del Estado, para asegurar este fin. Pero el principio de subsidiariedad, consagrado en la constitución que se piensa ser reemplazada, no permite que el Estado intervenga ni siquiera cree una empresa pública; sólo puede haber empresas públicas, pero que funcionen como sociedades anónimas, es decir, como una empresa privada.

El punto más dramático, me parece que es la condición de los trabajadores agrícolas actuales. Ya no están en una situación de servidumbre y falta de derechos laborales, como en el período previo de la Reforma Agraria. Hoy, trabajan con un salario y un contrato laboral, pero mujeres, trabajan de forma descontrolada y por cuota de producción. Si quieren plantear un cambio a su situación laboral, no pueden constituir un sindicato, porque el trabajo de temporadas y el veto que ponen en los trabajos, impidiendo que trabajen en otros lugares, a aquellos que osan formar uno, es producto al Código Laboral (impuesto por Decreto Ley y protegido por la actual constitución), lo que no permite que se reforme o si se reforma, crea mucho tipo de oposición.

El borrador de la Nueva Constitución tiene una serie de artículos que tratan estos temas de la ruralidad, que antes no eran ni mencionados en la Constitución de 1980. El más fundamental, es el Artículo 26, que menciona:

“Derecho humano al agua y al saneamiento. La Constitución garantiza a todas las personas el derecho al agua y al saneamiento suficiente, saludable, aceptable, asequible y accesible. Es deber del Estado garantizar estos derechos para las actuales y futuras generaciones”.

Esta diferencia es fundamental, ya que regula en el proyecto de Constitución los derechos del agua, en el sentido que se fijan las características y limitaciones de este. Algo ausente en el anterior texto.

Si se sigue con otra clase de artículos, aprobados por la Convención Constitucional, que hace referencia a:

Artículo 35: El Estado reconoce la ruralidad como una expresión territorial donde las formas de vida y producción se desarrollan en torno a la relación directa de las personas y comunidades con la tierra, el agua y el mar.

Artículo 36: El Estado y las entidades territoriales facilitarán la participación de las comunidades rurales a nivel local y regional en el diseño e implementación de programas y políticas públicas que les afectan o conciernen.

Artículo 37: El Estado fomentará los mercados locales, ferias libres y circuitos cortos de comercialización e intercambio de bienes y productos relacionados con la ruralidad.

Artículo 39: El Estado protegerá la función ecológica y social de la tierra.

Artículo 41: El Estado reconoce y apoya la agricultura campesina e indígena, la recolección y la pesca artesanal, entre otras, como actividades fundamentales de la producción de alimentos.

Artículo 45: El Estado tomará las medidas necesarias para prevenir la violencia y superar las desigualdades que afrontan mujeres y niñas rurales, promoviendo la implementación de políticas públicas para garantizar su acceso igualitario a los derechos que esta Constitución consagra. Artículo 46: Se fomentará la conectividad regional con especial atención a territorios aislados, rurales y de difícil acceso.

Todos estos artículos, mencionan aspectos antes no señalados en la anterior Constitución: expresión espacial particular, políticas públicas, comercialización, ecología y campo, agricultura campesina e indígena y mujer y campo.

Cabe preguntarse si la ya expuesto, tendría sentido para señalar que, en una constitución, no se consagrarían derechos más profundos, ante hechos que no se señalaban con anterioridad si en Curacaví no se podrían generar políticas más equitativas con la ruralidad. Una Constitución no es un mero texto que establece el funcionamiento y división del Estado, la división y funcionamiento del sistema político, los derechos y deberes de todos los ciudadanos y las disposiciones futuras. Es la base de toda ley. Tanto, que una ley no se puede crear, sin contradecir este marco regulatorio. De hecho, no es algo actual el constitucionalismo, sino que surge en la Ilustración y puesta en práctica durante la Revolución Francesa y el siglo XIX. El jurista austriaco, Hans Kelsen, señala en su libro “Teoría Pura del Derecho”, que es la base de todo ordenamiento jurídico, algo que los abogados conocen como “Pirámide de Kelsen”.

En este sentido, decir que sería un texto que no permitiría organizar la vida en sociedad y que no cambiaría nada, sería señalar un argumento que carecería de conocimientos jurídicos, políticos y civiles, porque como opera un Estado, los futuros gobiernos y los espacios dónde se redactan leyes (Congresos, Asambleas o Parlamentos) y dónde se aplican las leyes (Tribunales de Justicia), se organizan en este documento.

Regresando a Curacaví, disposiciones que regulan el agua y su distribución, acceso a decisiones locales, financiamiento más activo del Estado, permitirían mejorar la vida de no sólo la ruralidad de nuestro pueblo, sino que de la provincia, la región y Chile. Pero, activarían, tal vez, la vida cívica, tan vilipendiada y desprestigiada por el orden institucional, actualmente. Es lícito aprobarlas para reorganizar nuestra sociedad.

Cómo enseñar a enamorarse de la libertad

El 2022 empezó bien: una idea de esperanza flotaba en Chile. Luego arrancó el año escolar, y la violencia en las aulas fue la noticia nacional. Hoy, “violencia y punto” escribe Constanza Michelson: atraviesa manifestaciones, la vida cotidiana en el espacio público, los vínculos. Y no sólo es un efecto de la pandemia. La burocracia, la impunidad, el anonimato de las redes sociales, la disputa por el lugar de la víctima: el mundo como un gran call center donde nunca aparece el responsable. Cómo juegan los más chicos a ser grandes si los adultos les robaron su inocencia.

La psiquiatría social no es remedio para Edipo / George Steiner

1.¿Y ahora qué pasa, eh? (Pasa uno, dos…)

Notas de la vuelta a clases 2022 en Chile: “Sipo la vamos a violar”, “Las arrastramos por el suelo”, “Podríamos hacer como una manada entre nosotros y culiarnos a cualquier mina y dejarla botada”: chat de alumnos de un liceo en Santiago. “Estudiante se dispara en el patio de su colegio”: ciudad de Santa Cruz. “Hemos decidido acabar con el sufrimiento de todos, ya no se tendrán que preocupar por su futuro o por si estarán bien”: video de un joven enmascarado (de Anonymous), quien amenaza con cometer una masacre escolar (una de las tres amenazas de masacre escolar ocurridas en marzo). “Padre agrede con un cuchillo a un profesor de religión”: Talcahuano. “Estamos todos amenazados”: rector del Instituto Nacional tras una protesta afuera del establecimiento que terminó con un bus en llamas. Sigue: “Tengo una comunidad quebrada, tengo a mis trabajadores reventados”. Sigue: marcha de estudiantes. Comerciantes golpean a palos a estudiantes. Estudiantes golpean en grupo a la policía. Policía trata de defenderse, dispara al cielo, pero la bala -como todo lo que apunta hacia el cielo - reventó en la tierra: un repartidor de comida quedó herido.

2.La violencia escolar y juvenil cada cierto tiempo vuelve a ser tema.

En mi niñez se culpaba a la tele. Los videojuegos siempre han sido sospechosos; la educación demasiado represiva, pero también a veces muy permisiva. En estos días, los expertos dicen en la prensa que la violencia se debe al tiempo de encierro pandémico, que la distancia social habría provocado una especie de embrutecimiento, “una atrofia de las habilidades sociales”. Lo común en estas ideas es buscar algo concreto a qué atribuirle la causa, para que el mal sea algo acotado, como una enfermedad que se puede quitar. Pasa así en la escena de rescate en El Señor de las Moscas (1954): el oficial que encuentra a los niños no puede mirarlos a la cara, no es capaz de enfrentar su desastre suicida –la isla ardía y con ella todo el alimento-; vuelve la vista al mar y les da una indicación civilizatoria: “deben tomar un buen baño”. Como si jabonarse pudiera limpiarlos del crimen. Como si la limpieza, la pedagogía y las pastillas fueran capaces de reformar a los caídos. Pero esos niños no cayeron en ningún estado natural previo a la cultura. En primer lugar, quedaron abandonados tras accidentarse el avión que los sacaba de la guerra que su civilización creó. Y en segundo lugar, no regresaron a algún tipo de salvajismo animal; los niños crearon un ordenamiento, inventaron una sociedad acorde a lo que conocían: un líder déspota, un rival, un loco que dice la verdad inaudible, los sumisos, la víctima.

Los niños jugaron a ser grandes.

 

La intuición de la novela es sobre la diferencia entre crecer y jugar a ser grande. En este sentido es una novela profética de lo que hoy son nuestras preguntas: ¿hay adultos ahí afuera? Jugar a ser grande es tener acceso a lo que supuestamente está reservado a los mayores –el sexo, las drogas, el ejercicio de poder sobre otros, poseer el saber (creer que se sabe cómo son las cosas)– pero sin el límite a la desmesura al que obliga la adultez: el de responder por los actos. El asunto es que tampoco hay garantías de que los grandes estén disponibles para responder por los suyos. Las personas cada vez menos somos confrontadas a nuestra responsabilidad. La burocracia, la impunidad, los tratamientos psicológicos en que la persona no queda involucrada en su recuperación, el anonimato de las redes sociales, la disputa por el lugar de la víctima: el mundo como un gran call center donde nunca está el responsable.

Nuestro tiempo parece uno en el que la infancia queda despojada de su derecho. Desprotegidos de sí mismos y del mundo los más chicos juegan a grandes. Mientras, los grandes roban el aspecto privilegiado de la infancia: no su profundidad existencial sino la superficialidad de vivir según los impulsos, sin deudas.

Algunos piensan que después de la caída del muro nos fuimos muy rápido a la fiesta. Olvidamos la muerte. Y la política. Ese mundo hace un rato entró en crisis y se volvió a hablar de política. Mucho. Pero por más bla, bla, bla, por más razonable que una política sea, la estructura de una sociedad depende de la naturaleza de la ética humana: de si hay seres responsables o no de su elección. Según el autor El Señor de las Moscas, esa es su moraleja.

3. A Anthony Burguess no le gustaba especialmente su novela La Naranja Mecánica (1962).

Y es que la versión más conocida, la norteamericana, la que Kubrick llevó al cine, quedó mutilada. Por decisión del editor –y la necesidad económica del autor– fue borrado el capítulo veintiuno, número que representaba la mayoría de edad. En todo caso ¿qué es la mayoría de edad? La edad penal baja, la del consentimiento sexual y del derecho a voto están en disputa, la de acceso al porno incontrolable, la de la explotación sexual miserable. Si la idea de mayoría de edad significaba ejercer una responsabilidad de adulto, vale preguntarse si hay una marca para ese inicio: ¿es la primera vez que se bebe o se tiene sexo? ¿Cuándo se deja la casa de los padres? Cosa que la precariedad laboral y las burbujas inmobiliarias hacen cada vez más difícil. Además, las condiciones de producción de subjetividad de nuestro tiempo alientan a la identidad: ser algo, antes que a la responsabilidad: responder por algo.

Natalia Ginzburg a comienzos de los setenta se preguntaba por qué todo empezaba a hacerse en grupo: viajar, follar, crear algo. Intuía que ese afán colectivista no era precisamente un contrario del individualismo sino una huida de aquello que de la vida se responde a solas. Aunque el sexo sea colectivo, al final de día, el temblor es de a “Dos”, un dos que no es una cifra, sino aquello capaz de romper la unidad imaginaria, ya sea colectiva o del individuo que coincide demasiado consigo mismo. Si la masa sueña con disolverse en el océano para enfrentar el Abismo -que aquí definiré como la herida incurable de ser animales con conciencia de muerte-, la respuesta verdadera es siempre en el desierto. Se responde dejando la manada. Se ama, se escribe, se elige, se afronta la muerte siempre a solas.

¿Qué has hecho?

Es lo que se espera de la justicia: que alguien se separe de sí y deba, en esa distancia, verse desde afuera y responder; momento en que, como pensó Dostoievsky, el criminal vuelve al mundo de los humanos.

La “Naranja mecánica” es algo que parece orgánico pero actúa como las máquinas ahorrándose el momento de la decisión: banalidad del mal. A Alex, su protagonista, lo intentan curar así –como se cura muchas veces hoy– como si fuera una naranja mecánica. Al ser sorprendido in fraganti en su crimen, es sometido a las nuevas técnicas terapéuticas para sacar el mal, técnicas que no enfrentan a los sujetos a su verdad. Sin elección no hay ser humano, advierte el capellán de la cárcel. Al salir de la prisión, Alex imposibilitado químicamente de hacer daño, es dañado por la venganza de sus víctimas; por cierto, los buenos. La imposibilidad de esa vida lo lleva a saltar por la ventana. El gobierno reconoce el fracaso del tratamiento y se lo retira. Al despertar, Alex comprueba que su capacidad de maldad le fue devuelta. Fin, en la versión norteamericana de la novela.

¿Y ahora qué pasa, eh? Pregunta Alex a su nueva generación de drogos en el capítulo faltante, el veintiuno. La misma que hace en el primer capítulo. Pero ahora algo pasa. Pasa, dice Burguess, que su héroe crece. No por una moral o pedagogía, sino por aburrimiento. Posiblemente aburrido de repetirse a sí mismo, comienza a sentir que su fuerza interior se vuelve más interesante en la creación. Distingue el poder (de matar) de la potencia: iniciar algo.

Se le ocurre que podría tener un hijo. Pero al editor estadounidense le pareció que era una debilidad en la novela, le dijo al autor que los norteamericanos eran más duros, que preferían mirar de frente la verdad humana como un mal irregenerable. Lo comprobaron pronto en Vietnam. Querían una novela Nixoniana, dice Burguess, pero la original era Kennedyiana. Su novela creía en la libertad humana, en la posibilidad –intrincada– de elegir hacer el bien o el mal.

Desde luego el mal tiene una espectacularidad que no tiene el bien. Burguess reconoce que, como autor, gozó de la violación y la violencia a través de sus personajes, tal como quiso su editor que gozaran sus lectores. Pero debía haber más. Una esperanza. Quizá la que él mismo necesitaba para soportar el atentado que sufrió su mujer embarazada a fines de la Segunda Guerra Mundial, quien fue víctima de una violación colectiva. Pero se encontró con que crecer se había vuelto algo censurado.

4.El analista Luigi Zoja escribió algo inquietante

Zoja escribió que uno de los aspectos más llamativos de la violencia de pandillas juveniles, que se viene desbordando desde las últimas décadas del siglo XX, es la violación colectiva. No alcanza el argumento de que es cierto que la violación existió siempre para comprender el devenir del machismo y la violencia. En las sociedades patriarcales tradicionales, su aceptación en silencio estaba dada por el predominio masculino y la opresión sobre las mujeres; la novedad es que ese abuso silencioso comienza a ser ruidoso, exhibicionista y en manada. Piensa que esta violencia, postpatriarcal, es una especie de regresión en masa a un tiempo psíquico que precede a la invención del padre (padre que solo existe en nuestra especie porque es un hecho de lenguaje). Es como el regreso a un tiempo de hermanos huérfanos de ley; de ahí que, antes que culpa por transgredir un orden, lo que se ve en diversas formas de violencia es impudicia y hasta orgullo. Como si no fuera trasgresión sino otra ley.

Para Zoja “padre” no es una persona, sino un lugar que puede encarnar una persona que responde a un lugar respecto de su descendencia. Independiente de la anatomía, se le dice padre porque si madre representa el primer nacimiento, padre es el nombre del nacimiento a la cultura. Es un lugar simbólico que ordena la filiación, que separa, delimita y otorga una relación al tiempo: antes de mí hubo alguien y habrá otras generaciones después de mi existencia. La evaporación de esa función es una larga historia, con momentos de precipitación: la Revolución Industrial, los fascismos del siglo XX que alentaban a un juvenilismo fraternal y, desde luego el siglo XXI bajo la tríada del discurso cientificista, la civilización neoliberal y la revolución digital. Lo que se va perdiendo es el rol simbólico de iniciar al hijo en el mundo; esto es, a la vez, inventar el lugar de hijo. La palabra deja de ligar, puesto que el saber se transmite de manera impersonal a través de especialistas o de Google, la verdad se sitúa en el ADN, no en la herencia simbólica. Las generaciones parecen indiferenciadas, la adultez se convierte no en un lugar de llegada sino en uno que se resiste a envejecer. Por el contrario, se exalta la juventud y la niñez no para protegerlas sino para idealizar sus proezas, sus privilegios en cuanto a no ser responsables, incluso sus aspectos más pueriles como la compulsión gozosa por el golpe (recordar programas como Jackass). El infantilismo occidental nada tiene que ver con el amor a la infancia. Tiene que ver con la creación de un tiempo perverso que pretende detener a la cronología y a la ley de la filiación; es decir, a la obligación de que unas multitudes cedan su lugar a los hijos y a los hijos de los hijos. Lo perverso es que no se cede nada.

Para ser grande primero hay que ser chico. Para eso hay que nacer como hijo, ubicarse en una genealogía, en un orden que separa de lo indiferenciado del nacimiento animal. Un segundo nacimiento es el que humaniza, y es un efecto del pacto con el lenguaje el que nos separa de lo inmediato de los impulsos y de las cosas; luego podemos hacer una historia y crear una razón de vivir, incluso, crecer. No basta la carne humana para vivir, se requiere irremediablemente sentido de vivir, y éste solo es posible si hay memoria y futuro. Si los niños de la isla del Señor de las Moscas quedaron exiliados del orden humano, huérfanos, fue antes del accidente, ya que la guerra es un asesinato de la responsabilidad generacional. Carentes de esa ley inventaron una pero sin metáfora: es la miseria de los sin ley, todo es cruento y literal.

¿Cómo podrían crecer los huérfanos de esa ley humana? No es casual que hoy los rituales de iniciación no inicien nada. Su énfasis es una prueba de potencia corporal que tiende a lo destructivo: beber a morir, golpear o ser golpeado. Un inicio sin promesa.

¿Hemos olvidado la ley de la especie? ¿Por qué no basta nacer y ya? ¿Por qué construimos la imagen de un padre, por qué no basta con ser engendrados? Y es que al ser humano no le basta la carne para vivir, necesita que algo de esa carne muera para nacer al lenguaje, a la sofisticación de la metáfora. Ahí encontrará lo dulce y lo amargo del deseo, el amor, la lealtad y la traición, la gratitud y el perdón. La vida humana. Padre es solo el nombre de esa operación de lenguaje, es una ley que dice: para vivir hay que perder (el acceso a la inmediatez animal). Cuando cae esa leyse banaliza el asesinato, la vida vale menos, se vuelve intrascendente. En la orfandad, la ley que queda es una literal: la ley del más fuerte. Cuestión especialmente sensible en los varones. Algunos dirán que siempre se asesinó, y antes más. Pero lo que se la va a los afanados con las cifras, es que cada crimen lleva el peso del mundo: se altera un orden que afecta al presente y a las generaciones siguientes, como las pandillas y las mafias, cuya lógica del ojo por ojo, proyecta la venganza al infinito.

Recordar la prohibición puede tardar un tiempo. Generaciones.

“¡Cochina vida sin ley!”, grita el vagabundo que es golpeado por la pandilla de La Naranja Mecánica. Golpeado por nada. Primo Levi en su testimonio de Auschwitz decía que, consternados, se preguntaban cómo era posible que un hombre golpeara a otro sin rabia. La violencia que no tiene ley, que no es trasgresión ni reacción sino sinsentido, es una violencia que no es respuesta de algo y que prescinde de la ética, es decir de la elección, de que alguien responda por lo que hizo. En esa violencia hay algo inconsolable. La herencia que traemos -piensa Pierre Legendre-, es precipitarnos a nuevos holocaustos: nuevas recetas para el suicidio, morir de a poco por la droga, la desmesura y la violencia como proyecto de un presente sin horizonte.

5.La ley es mala pero aún así debe existir

Montaigne, quien como nadie sabía que la verdad humana tiene estructura de ficción, escribió que la ley es mala, pero aún así debe existir. La modernidad es una travesía de la disputa por su existencia. Massimo Recalcati reconoce diversas posiciones filiales en la modernidad que no son sino relaciones a la ley. El “hijo edípico cree en la ley del “padre” y lo culpa por reprimir su deseo; su conflicto es que ama y odia a la ley. Este hijo se libera el 68, y aparece el hijo “antiedípico”. Este sigue creyendo en el “padre” pero para romperlo una y otra vez. Si bien se liberó de no pocas prácticas antes inhibidas, sus “flujos libres de deseo” coincidieron demasiado con los flujos de la globalización financiera. La esquizofrenia como mito de una forma de vida que rechaza todo límite, toda deuda, coincidió perfectamente con la forma de vida capitalista. Se nos ocurrió la idea de un mundo sin diferencia entre padres e hijos, y esa libertad generó orfandad. Por eso el “hijo narciso” quedó sin padre, ni siquiera uno con quien pelearse. Este hijo confunde autoridad con autoritarismo tanto como su padre, se constituyen entonces en una falsa horizontalidad. Si “el padre” no quiere asumir su lugar en la genealogía, es decir, asumir la disimetría respecto del hijo, tampoco asume que éste viene a decirle algo sobre su finitud. El asunto del hijo narciso, no es que se ame a sí mismo, es posible que se odie, sino que a falta de ley, que haga una distancia saludable entre él y las satisfacciones inmediatas, pierde capacidad generativa de deseo. Sin límite hay compulsión repetitiva, goce sin atajo, ansiedad, sinsentido. Es el sujeto apático, ansioso y deprimido. Sin futuro.

El filósofo chileno Sergio Rojas dice sobre el malestar actual que no se trata de una insatisfacción localizada sino de una posición existencial, un estar sin mundo. La orfandad antropológica es una especie de desvinculación radical, de un sin lugar y sin salida que dejó la cultura del consumo, cuyo proyecto de felicidad desfondó la posibilidad del sentido y la potencia de la acción. Por un lado, quedamos eximidos de responsabilidad, infantilizados, reconocidos como clientes; por otra parte, la magnitud del conocimiento nos deja, paradójicamente, en la posición de impotencia respecto de ese saber y nuestros inventos. La sensación es que el futuro no está en nuestras manos, incluso, suele ocurrir que la palabra futuro evoque imágenes desérticas, catastróficas. Creo que no calculamos los efectos antropológicos de quedarnos sin imágenes de futuro.

¿Qué queda?

Queda el yo como testimonio. Su inflación estética, su aparecer como prueba de ruptura: que se queme todo. Así el desastre externo coincide con el interno, así algo se ecualiza. A fin de cuentas, la violencia es una falta de esperanza: si no hay más allá, entonces qué más da si todo acaba conmigo. La violencia puede ejercerse contra sí mismo, como en las depresiones y autoagresiones, o hacia otros, como los pistoleros solitarios dispuestos a morir con tal de vengarse. Rojas dice que hay que repensar las formas del fascismo en el siglo XXI, cuyo contexto es la crisis de la democracia y las masas digitales. Aparece una exploración del mal y su estetización quizá como forma de contenerlo y dominarlo. Tal como Alex y sus drogos, las máscaras, los uniformes, los emblemas y los gestos fascistas pueden volverse un objeto de consumo, también un signo del desfondamiento de la política.

Pero queda algo más. Hay una cuarta posición filial según Recalcati: “Telémaco”, quien espera la llegada de un padre. No como anhelo de un retorno de padres autoritarios, no es un anhelo reaccionario sino un llamado a un orden genealógico para que haya futuro. Cree que hay una ley que humaniza, una ley mínima para la coexistencia y el deseo de futuro. No deposita la ley en los padres, maestros o autoridades sino que asume que la ley hará que cada quien responda por su lugar frente a otros. Telémaco espera una ley positiva en el sentido de que no es opresión sino que es una ley que da aire, separa, distingue, da tiempo, hace algo para operar sobre el desorden del mundo.

Pero una ley positiva, como pensó Montaigne, implica tener fe en la metáfora. Por el contrario, la literalidad lleva a la búsqueda de ídolos y padres feroces, puesto que considera que cualquier autoridad es débil, traidora, fallida, así también la democracia. La locura en el discurso se instala justamente cuando, por un lado, se llama a gobernar por la fuerza, o por el otro, a aplicar la fuerza para refundar el mundo.

Los hijos suelen dejar migas de pan para volver a algún lugar. Los desamparados inventan, trágicamente, religiones. El asesinato de la metáfora es el llamado de los huérfanos a padres (de cualquier anatomía) demasiado reales, sádicos y canallas. Son tiempos de bandas de hermanos, piensa Zoja, huérfanos que de todos modos buscan un padre feroz: generalmente “el hermano” capaz de mayor desmesura, el más psicópata, el que tiene menos que perder. Esta lógica no es solo propia de las pandillas sino del matonaje escolar, de redes sociales, de la política -cada vez más intrincada con la modalidad instantánea de redes sociales-.

En la última elección presidencial en Chile ganó la idea de la esperanza. En esa misma dirección ocurrió el triunfo contundente en las elecciones por una nueva Constitución. Pero el año partió así, lleno de titulares sobre violencia escolar. Unos meses después ya se habla de violencia y punto. Se expandió como un virus, cuyo primer síntoma del año brotó en las comunidades escolares, pero era solo un síntoma. Los más chicos juegan a grandes. Los grandes se roban los beneficios de los chicos.

¿Se acabó la esperanza? No lo creo. Pero nos invadió la paranoia, la desconfianza más profunda en el otro; unos y otros llaman a defenderse por su cuenta. Y es que para iniciar un nuevo ciclo político, como cualquier otro pacto, no basta con discursos, buenas intenciones, ni siquiera con escribir una nueva Constitución. Se requiere también de un pacto de otro orden. Ese acuerdo sutil, sin ningún fundamento, pero absolutamente fundamental para la vida en común: la responsabilidad, que no es sino la ética. Esa es la moraleja del Señor de las Moscas.

Temo que a ratos, como La Naranja Mécanica o el Señor de las Moscas construimos morales, neolenguajes que en modo automático ubican a unos en el lado de los buenos (que recordemos de lo que son capaces con los malos) y a otros en el lado del mal. Lo que toda moral se ahorra es la respuesta ante el rostro del otro, pues el prójimo no es sino un llamado, una interpelación. Luego podemos responder: ¿Qué has hecho?

Cada vez me interesan menos los discursos y más lo que las personas hacen realmente.

6. Hacia un capítulo veintiuno.

Cada quien tiene su tiempo. Creerse inmune al tiempo y a la muerte, creerse dueño del sentido, creer que no viene nadie después, eternizarse en el poder es ir contra la ley humana. Por su parte el hijo, si no hay lugar a la filiación y mata al padre en la disputa dual tú o yo, queda huérfano, errante; si mata al padre solo para tomar su idéntico lugar no hay lugar a para lo nuevo. La ley es la diferencia, es un tercer término vacío (el error es confundir la diferencia con un catálogo de variedades) que da lugar para que exista el tú y yo. Sin esa ley, vivimos como los autitos chocadores: gozando en el golpe, creyendo que vamos a alguna parte.

Cuando los mayores no ejercen su responsabilidad, los hijos toman ese lugar como pueden. A veces los mayores alientan a los jóvenes a poner el cuerpo, por ejemplo, en el delito, para aprovechar su inimputabilidad ante la ley. Otras, los alientan a ser sus objetos sexuales o a cumplir con sus propias fantasías revolucionarias o patriotas, sin responder después por lo que les ocurra a esos cuerpos. Es la canallada.

Pero existen aún los adultos, los hay de todas las edades.

Patricia Castillo, psicoanalista, estuvo en los días del estallido social en Chile actuando desde el Movimiento de salud en Resistencia. Acompañó a los jóvenes heridos por la policía en la sala de espera. Crearon una épica de combatientes, jóvenes que al fin encontraron su razón de vivir; pero advierte que ese discurso se sostenía de una inmensa fragilidad. Los perdigones no se salían solos como algunos sostenían, muchas veces tampoco se los sacaban en el hospital. Alguien debía extirparlos. Ser humano es un intercambio de deudas y dones.

—¿Por qué pelearon?

—Porque no hay nada que hacer en el patio.

Erika Silva intenta comprender a sus alumnos. Quiere comprender la violencia, trabaja en cárceles. Siente que mientras más luces ponen para evitar el crimen, antes que inhibirlo, obliga a ser aún más violento, más espectacular. Dice que en la cárcel si se da la confianza a los alumnos reclusos, estos nunca desertan. Freire y Mistral decían que un buen maestro no traspasa saberes sino que liga educación con eros. Eso se llama transmisión, que no es sino sentido filiatorio, algo así como un hilo que conecta con el mundo. En la cárcel (y fuera de ella) no solo se debe aprender un oficio sino también el placer de vivir. Casi nunca se piensa en la reinserción. A fin de cuentas, lo único que importa; sobre todo, dice Erika, que alguien pueda enamorarse de la libertad.

Una última imagen. En la película Melancolía de Lars Von Trier el mundo se acabará. El padre se mata antes. Una madre y su hermana se quedan con los niños. Arman una casa de juegos con ramas, crean una ficción para esperar el fin: responden, aún ante la muerte, a la ley humana: a los niños se los protege.

No es el amor lo que corta la violencia. Ni la pedagogía ni la moral. Tampoco este comodín llamado salud mental. Requerimos de una ley vivificante, capaz de un orden para permitir la vida y el deseo y, desde luego, el conflicto. Se expresa en la justicia, también en la responsabilidad sobre los actos y el mundo en común. La humanidad ultramoderna exige, precisamente humanidad. Si la ciencia y el management apostaron por encontrar la verdad humana disipando el misterio, la educación humana debiera aún insistir en él. Antes que pasar contenidos para un mundo que de todas maneras no imagina futuro, es imprescindible transmitir los límites mortales para descansar de nosotros mismos y enseñar a descubrir la potencia de lo que un cuerpo puede hacer por otro. Una deuda positiva.

Hay quienes piensan que inevitablemente quemaremos la isla. A falta de límites, chocaremos con uno real que nos obligue a retroceder de la locura. Pero pienso también, un poco para salvarme de ese miedo y otro poco para tener esperanza, que siempre hay quienes sacan los pedigones y con las palabras modifican lo que tocan, también quienes crean algo para que la muerte no sea tan sola y muda, y están quienes insisten en que lo que vale la pena enseñar es a enamorarse de la libertad.

Fuente: Revista Anfibia

Ilustraciones: Ludmila Drago

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